«MÁS QUE PREPARADOS» LA JOVEN ORQUESTA NACIONAL DE ESPAÑA EN BALUARTE

CLÁSICA Xabier Armendáriz

“Más que preparados”

Domingo, 12 de enero de 2025. Auditorio Baluarte de Pamplona. Joven Orquesta Nacional de España. Vasili Petrenko, director. Darius Milhaud: El buey sobre el tejado, Op. 58 (1920). Maurice Ravel: Daphnis y Chloe: Suites números 1 y 2 (1912). Béla Bartók: Concierto para orquesta, SZ 116 (1945). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Fundación Baluarte 2024-2025.

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Las orquestas jóvenes son, sin duda, las formaciones musicales más motivadoras del panorama musical en cualquier lugar del mundo. Son una herramienta fundamental, que permite a los músicos jóvenes conocer de primera mano las principales obras del repertorio orquestal.

El paso por las orquestas jóvenes suele ser, para los protagonistas, un rito iniciático, y cuando se presentan en los escenarios producen en el público muchas veces sensaciones catárticas, porque los músicos que componen las orquestas jóvenes no se dejan llevar por la rutina, lo dan todo y el resultado musical es especialmente estimulante.

En esta ocasión, se presentaba en Pamplona la Joven Orquesta Nacional de España, con un director muy vinculado a nuestro país pero que, a la vez, es uno de los mejores del mundo. Vasili Petrenko se dio a conocer tras ganar el ahora desaparecido concurso de dirección de Orquesta de Cadaqués, y luego fue titular de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León antes de que despegara al máximo una importante carrera europea. En este caso, afrontaba con la JONDE un programa de máxima exigencia y lucimiento orquestal, un verdadero desafío para cualquier formación sinfónica, resuelto con nota.

Se abrió la sesión con El buey sobre el tejado de Darius Milhaud, una de las obras icónicas del período de entreguerras, donde el compositor francés aprovechó las influencias de su estancia brasileña para crear una obra humorística y chispeante.

Vasili Petrenko ofreció una interpretación poco ortodoxa de la obra, recreándose en los pasajes más líricos y sensuales, (sobre todo en los que tienen ritmo de habanera), pero conteniendo a la orquesta en las secciones más vivas. Consiguió así mostrar muchos detalles ocultos de la partitura, pero el espíritu gamberro que piden las apariciones del tema principal estuvo ausente.

La segunda parte ofreció una interpretación muy medida del Concierto para orquesta de Béla Bartók, la obra más conocida del compositor húngaro. Curiosamente, Petrenko adoptó una visión espectral de una obra que, en general, se ha entendido en muchas ocasiones como un estudio de ritmo y color. Consiguió momentos extraordinarios en las secciones más brumosas, cuidando el empaste y la profundidad de la cuerda grave en la introducción del primer movimiento, (una característica distintiva del “sonido Petrenko”), y recreándose en el sentido de amenaza del comienzo del tercero.

Faltó algo más de intensidad rítmica en momentos puntuales, sobre todo en el segundo movimiento, pero la ejecución fue impecable durante casi toda la interpretación, con solistas de flauta, clarinete y fagot sobresalientes. Pero la gran joya del concierto se escuchó en el final de la primera parte, con las dos suites de Daphnis y Chloe de Maurice Ravel. La versión completa del ballet es la obra más larga del compositor francés y también la de escritura más colorista y plural. Vasili Petrenko quiso atender completamente toda esa diversidad.

Como era de esperar, animó a los instrumentistas de la JONDE a que destacaran la vertiente más primitivista de la Danza guerrera, pero obtuvo los mejores momentos en los inicios de ambas suites, cuidando al máximo la textura orquestal en todo momento. Eso comprometió a veces la ejecución en los solos más complicados —(la trompa al comienzo de la primera suite)—, pero las maderas rindieron a un gran nivel y la Danza general final fue arrebatadora.

Significativamente, el concierto terminó con tres propinas: una algo pesada Danza húngara número 1 de Brahms, una rutilante Farándula de la Suite número 2 de La arlesiana de Bizet y, sobre todo, una profunda versión de Amparito Roca de Teixidor, en el arreglo de Jose Luis Turina que recibió entusiasmo general. Fue un concierto de los que crean afición, que mostró a un conjunto de músicos jóvenes más que preparados y con fuerza a raudales.

Autor entrada: xabier armendariz

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