«LIMPIAR, FIJAR, DAR ESPLENDOR» CON SOLA,FRESAN, O.S.N. Y CORO FEDERACIÓN EN BALUARTE

MÚSICA Xabier Armendáriz

“Limpiar, fijar, dar esplendor”

Miércoles, 27 de marzo de 2024. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Cristina Sevillano y Lucía Gómez, sopranos. Jose Luis Sola, tenor. Iñaki Fresán, barítono. Coro de la Federación de Coros de Navarra. Orquesta Sinfónica de Navarra. Jesús María Echeverría, director. Hilarión Eslava: Gran Miserere para solistas, coro y orquesta, (1837). Concierto inscrito en el Festival de Música Sacra de Pamplona 2024.

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La segunda mitad de los años 1980 y la década completa de los 1990 fueron complejas en el Teatro de la Scala de Milán. No fue un fenómeno derivado de la situación política del momento, sino sobre todo de cuestiones musicales. Riccardo Muti, que fue director titular del teatro durante veinte años, se planteó como misión purgar todo el repertorio de la ópera italiana de las adherencias propias de la tradición. Así, levantó cortes habituales en óperas como Guillermo Tell de Rossini y ordenó a los cantantes que prescindieran de los agudos tradicionales no escritos en las óperas. Como resultado, algunos estrenos fueron verdaderamente tumultuosos; especialmente en las óperas más populares, los temibles loggionisti reaccionaron ruidosamente ante la desaparición de los agudos no escritos y armaban verdaderos escándalos, hasta el punto de que, cuando se grababan óperas en el teatro, se tomaban las grabaciones de representaciones posteriores al estreno, ya con los ánimos más calmados. En estos años recientes, Riccardo Chailly ha retornado a esta misma tarea, aunque de manera menos radical; ni el director italiano les ha pedido a sus cantantes que eliminen agudos, ni los loggionisti tienen ahora la fuerza de antaño.

En el concierto que nos ocupa, el Festival de Música Sacra de Pamplona presentaba de nuevo el Gran Miserere de Hilarión Eslava, compuesto cuando el autor burladés era maestro de capilla de la Catedral de Sevilla. Fue a orillas del Guadalquivir donde se estableció una tradición interpretativa muy concreta de esta obra, que se escuchó hasta la Segunda República de manera continuada cada año en el contexto litúrgico. Tras la interrupción de los actos propios de Semana Santa durante la Segunda República y la Guerra Civil, el cardenal Segura decidió prohibir la obra por tener a su parecer demasiadas connotaciones operísticas para ser interpretada en el templo, y sólo a partir de los años 1950 volvió a escucharse, ya en forma de concierto. En cualquier caso, este período tan largo de práctica continuada de la obra fue suficiente para que se introdujeran cambios importantes sobre la partitura: se incorporaron agudos, se recortaron las introducciones orquestales, se reasignaron las tareas de los solistas, etc.

Jesús María Echeverría viene proponiendo desde hace años una relectura en clave “mutiana” de esta obra, para intentar acercarnos algo más a lo que en su momento escribió Eslava, contando con el impulso de la Federación de Coros de Navarra. La tarea no se ha cerrado aún completamente, (todavía en 2024 hemos escuchado el Miserere con el reparto tradicional de las arias entre los solistas vocales), pero la edición se ha asentado con total normalidad. Ayuda que hasta 2015, la obra no se había interpretado en Pamplona con regularidad suficiente en los años inmediatamente anteriores como para echar en falta la versión tradicional.

En la interpretación que hemos escuchado en Baluarte en 2024, el principal cambio ha sido el hecho de poder contar con la Orquesta Sinfónica de Navarra, frente a los conjuntos juveniles de años anteriores. Como es lógico, eso ha permitido una ejecución algo más ajustada de la composición y ha permitido centrar la atención de Jesús María Echeverría, que ha ofrecido una dirección muy perfeccionada y disciplinada en fragmentos como el “Audi tui meo”. El director olitense también ha preparado al Coro de la Federación de Coros de Navarra, que ofreció una actuación muy compacta y decidida. Vocalmente, Jose Luis Sola ofreció una gran actuación, sobre todo en un estupendo “Miserere” inicial. Iñaki Fresán mantuvo un buen nivel asimismo durante toda su intervención, siempre ajustado. Cristina Sevillano superó sin problemas las coloraturas de “Redde” y Lucía Gómez estuvo allí perfectamente a la altura; el “Amplius” le resultó más complejo, pues Gómez es más una segunda soprano que una verdadera mezzosoprano, que es lo que necesita ese fragmento.

En conjunto, fue una interpretación bien perfilada de este Miserere de Eslava, donde Jesús María Echeverría vino a hacer realidad el lema fundacional de la Academia de la Lengua Española: limpiar, fijar, dar esplendor.

Autor entrada: xabier armendariz

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