Langlais Duruflé Radulesku Míriam Cepeda Igleiia Leyre 19/09/2015

El intimismo del órgano

 

Sábado, 19 de Septiembre de 2015. Iglesia Abacial del Monasterio de San Salvador de Leyre. Míriam Cepeda, órgano. Jean Langlais: Homenaje a Frescobaldi: Selección, (1951). Maurice Duruflé: Preludio, adagio y coral variado sobre el tema del Veni Creator, Op. 4, (1931). Michael Radulesku: Ricercari, (1984). Concierto inscrito en el Ciclo de Música para Órgano en Navarra 2015.

 

Al hablar del órgano, parte de los aficionados piensan en un instrumento muy sonoro. La espectacularidad de muchos instrumentos es característica, y un órgano romántico bien manejado puede crear clímax de una intensidad imposible de alcanzar con cualquier otro instrumento e incluso difíciles de lograr con una orquesta sinfónica. Pero el órgano también puede ser un instrumento capaz de crear un clima de gran intimismo. Quienes conocen bien las obras de Olivier Messiaen saben hasta qué punto es eso posible, como también lo saben quienes han escuchado acompañar el canto gregoriano en un instrumento tan grande como el órgano mayor de la iglesia abacial del Monasterio de San Salvador de Leyre.

En el concierto que nos ocupa del veterano Ciclo de Música para Órgano en Navarra, quedó clara esta dimensión del órgano. Su protagonista, Míriam Cepeda, organista titular en la Basílica de Begoña, explotó de manera especial el intimismo y los registros más suaves y dulces del instrumento. En pocas ocasiones se recreó Cepeda en la potencial grandeza de las secciones más espectaculares de las obras. Por supuesto, esto llevó a resultados puntualmente discutibles, pero sin duda siempre interesantes.

El Homenaje a Frescobaldi de Jean Langlais es una obra muy característica del autor francés, con su recuperación de temas gregorianos y su búsqueda de todos los matices posibles del instrumento. Como siempre en este autor, la influencia de Messiaen resulta patente en más de una ocasión. Míriam Cepeda interpretó la obra con convicción y gran seguridad técnica.

El Preludio, adagio y coral variado de Duruflé sirvió como final del concierto inaugural del órgano hace poco más de dos años. En esta ocasión, Míriam Cepeda prefirió aprovechar de manera especial las dos primeras secciones de la obra, donde pudo recrearse en las evocadoras armonías y en los momentos más líricos y ensoñados. Sin embargo, faltó grandeza en la primera exposición del coral, de manera que esa irrupción del tema resultó poco sorprendente. Las variaciones sí fueron interpretadas con seguridad y rigor y el final alcanzó la espectacularidad deseada, provocando los primeros aplausos del público.

Es difícil describir Ricercari de Radulesku. Los títulos de los tres movimientos (Organum, Versus y Stampie), parecen remitir a modelos medievales, pero sólo las cuartas paralelas del organum son reconocibles a primera audición. La armonía es, en muchos momentos, muy disonante, y se crea un clima de gran tensión sin necesidad de abrumar con grandes volúmenes de sonido. El final del segundo movimiento, con las notas del último acorde desapareciendo una por una, es impresionante. En esta obra, Míriam Cepeda se sintió en su terreno. La organista la había estudiado con el compositor y seguramente obtuvo de él consejos importantes, que ahora hacen que domine la pieza a la perfección. En particular, los dos primeros movimientos fueron memorables, por esa rara combinación de misticismo y drama que consiguió crear. Al final, los aplausos del público depararon una propina basada en el Veni creator, que habría sido aún más procedente si se hubiera escuchado después de las variaciones de Duruflé.

En conjunto, fue un buen concierto de órgano, en donde se demostró que, aun en los instrumentos más espectaculares, se pueden crear efectos de gran intimismo y delicadeza. Sin duda, fue una buena manera de deshacer tópicos en torno a un instrumento tan apasionante.

 

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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