CLÁSICA Xabier Armendáriz
“La ‘Patética’ más vital”
Jueves, 16 de octubre de 2025. Nicolas Alstaedt, violonchelo. Orquesta Sinfónica de Navarra. Perry So, director. Sergei Prokofiev: Concierto-Sinfonía para violonchelo y orquesta, Op. 125, (1953). Piotr Illyich Tchaikovsky: Sinfonía número 6 en Si menor, Op. 74 (Patética), (1893). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Navarra 2025-2026.
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La Sinfonía número 6 de Piotr Illyich Tchaikovsky, más conocida como Sinfonía Patética, es una obra terminal. Fue estrenada unos pocos días antes de la muerte del compositor y, desde entonces, ha arrastrado consigo un carácter mítico. El propio compositor confesó que la obra en su conjunto estaba inspirada en un programa extramusical, pero no aportó detalles al respecto; por otra parte, su hermano Modest también afirmó que, durante buena parte del verano, Piotr había estado llorando constantemente, pero que su manera más exacta de expresión se había traducido precisamente en esta sinfonía.
Como además esta obra contiene una amplia proporción de secciones de gran dramatismo, han abundado las interpretaciones que han querido ver en ella una expresión máxima del dolor. Varias de ellas han adquirido una fama legendaria, especialmente la última grabación de Leonard Bernstein o el testimonio final en vivo, asimismo tardío, de Sergiu Celibidache. Son interpretaciones de gran lentitud, especialmente cargadas de tensión y en donde parece que se retrata un dolor netamente superior al que un ser humano puede soportar.
En el concierto que nos ocupa, Perry So dirigió en la segunda parte la Sinfonía Patética de Tchaikovsky. Sin embargo, escuchando su interpretación resultaría difícil creer que estamos ante un compositor al borde de la muerte. Lo comprobamos ya en el sombrío solo del fagot inicial, muy fluido y cargado de tensión dramática, sin el ánimo derrotista que se desprende en las dos versiones antes citadas.
Perry So ofreció una interpretación impetuosa de la sinfonía, altamente contrastada. En ese contexto, se entendió mejor que en el concierto de presentación de la temporada su visión del segundo movimiento, que él ofrece como un episodio ideal para aliviar tensiones, sin recrearse en el carácter lánguido y melancólico de la sección central. Igualmente el tercer movimiento adquirió gran viveza y virtuosismo, aun a costa de perder precisión o transparencia y alimentar los previsibles aplausos del público. Fue en el cuarto movimiento donde se echó en falta una agonía más profunda, aunque no faltó tensión dramática y, desde luego, Perry So consiguió crear el ambiente necesario para lograr medio minuto de silencio absoluto antes de que empezara a aplaudir el público.
El concierto se había abierto con otra obra terminal, como es el Concierto-Sinfonía para violonchelo y orquesta de Sergei Prokofiev, producto de sucesivas revisiones de obras previas para dicha combinación. Hablamos de una composición ambiciosa, donde la orquesta debe adquirir un peso similar al del solista en una escritura sobria y densa.
Con todo, la Orquesta Sinfónica de Navarra no cuenta con una cuerda grave particularmente poderosa, así que Perry So apostó por convertir la obra en un concierto para violonchelo y orquesta al uso. En ello le ayudó Nicolas Alstaedt, que enfatizó la vena romántica de la obra y ofreció pasajes de alto virtuosismo, sobre todo en un segundo movimiento que produjo aplausos espontáneos del público. De propina, escuchamos una versión plenamente romántica de la Zarabanda de la suite para violonchelo solo número 1 de Bach. Fue, decimos, una versión romántica, no tanto por fraseo como por un manejo del tempo especialmente liberal.
Antes del comienzo de la sesión, Rubén Jauquicoa y Perry So se dirigieron al público para ofrecer un merecido y emotivo homenaje a cuatro músicos que, tras varias décadas de intenso trabajo, terminan su trayectoria con la Orquesta Sinfónica de Navarra. Hablamos de Tibor Molnar, David Johnstone, Piotr Piotrowski y Daniel Mazarrota.
Fue un acto de justicia y un reconocimiento más que necesario: después de todo, el éxito de un concierto sinfónico depende del trabajo de decenas de personas, que son las que de verdad hacen sonar la música.
En conjunto, fue un concierto en el que pudimos escuchar a uno de los mejores violonchelistas de la actualidad, y en el que asistimos a la Sinfonía Patética de Tchaikovsky más vital que recordamos, una visión no exenta de polémica pero que ofreció momentos de interés.

