«EN CALMA» LA ORQUESTA SINFÓNICA DE NAVARRA Y YORRICK TROMAN (VIOLINISTA) EN BALUARTE

CLÁSICA Xabier Armendáriz

«En calma»

Viernes, 14 de mayo de 2021. Auditorio Baluarte de Pamplona. Yorrick Troman, violín. Orquesta Sinfónica de Navarra. Manuel Hernández-Silva, director. Sergei Prokofiev: Concierto para violín y orquesta número 1 en Re mayor, Op. 19 (1917). Johannes Brahms: Sinfonía número 2 en Re mayor, Op. 73 (1877). Concierto inscrito en la temporada de abono de la OSN

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El Concierto para violín y orquesta número 1 de Sergei Prokofiev tiene uno de los comienzos más cautivadores de la literatura para dicho instrumento. Sobre un suave trémolo de las cuerdas, el violín solista despliega una melodía de altos vuelos, suavemente mecido por un sutilísimo acompañamiento del clarinete y la flauta.

El pasaje debe aparentar cierta calma, para que al solista le dé tiempo para poder frasear la melodía con amplitud suficiente, pero el tema no debe adquirir (aún) excesiva languidez. La razón se hará presente en pocos minutos: este mismo tema del inicio del concierto se volverá a escuchar tanto al final del movimiento como al concluir la obra en un ambiente mucho más calmado.

Aquí, en esta primera intervención, hay que esperar que esta melodía produzca una sensación de expectación en los oyentes, e incluso una cierta turbación. O al menos, eso es lo que parece pedir la tradición interpretativa de la obra. El concierto más reciente de la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Navarra se iniciaba con este concierto para violín de Prokofiev, que escuchamos en manos de Yorrick Troman, concertino habitual de la agrupación, y bajo la dirección de su titular, Manuel Hernández-Silva.

Comenzaron la obra a un tempo casi letárgico, como una suerte de despertar de la naturaleza. La idea era interesante a priori, pero a la postre terminaba disolviendo en parte la tensión. El violinista rumano se mostró plenamente seguro en el plano técnico y atento a todas las dimensiones de la obra; no se le escaparon ni el sarcasmo ni el encanto melódico de muchos pasajes de este singular concierto.

El acompañamiento Hernández-Silva fue también muy cuidado, con una orquesta siempre pendiente de todas sus indicaciones. Pero al resultado final le faltó un último componente de sorpresa, de inquietud. De propina, Troman ofreció unas variaciones realmente ingeniosas sobre la melodía del himno de Navarra. Se completaba la sesión con la Segunda Sinfonía de Brahms, una obra que también pasa por ser de carácter tranquilo y pastoral, pero que también tiene momentos de cierto drama. Hernández-Silva ofreció una interpretación bastante ortodoxa, como pudo verse incluso en detalles sin mayor importancia como el hecho de prescindir de la repetición de la exposición del primer movimiento, que Brahms sí contemplaba.

Contando con una orquesta en buena forma pero con unos metales algo menos redondos de lo deseable, Hernández-Silva demostró su conocimiento del estilo y aportó pequeñas novedades en los dos últimos movimientos. El tercero, que habitualmente se interpreta como un vals lento en las secciones donde se expone el tema principal, sonó más ligero de lo habitual. En el cuarto movimiento, Hernández-Silva tomó también un tempo algo urgente y, aunque no dio demasiado tiempo a frasear el segundo tema más lírico, sí logró reproducir esa sensación de exultante optimismo. De hecho, posiblemente se excedió con el entusiasmo en la parte final.

En conjunto, fue un concierto con interpretaciones sólidas de dos obras de las que hacen afición por la música clásica. Como era de esperar, Hernández-Silva se mostró más cómodo en la segunda parte del concierto que en la primera, pero hubo elementos más que suficientes para disfrutar en todo momento.

Autor entrada: xabier armendariz

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