LA ORQUESTA SINFÓNICA DE NAVARRA Y ASOCICIÓN NAVARRA AMIGOS DE LA ÓPERA CON “PULSO Y DRAMA” EN BALUARTE

“Pulso y drama”

Domingo, 9 de febrero de 2020. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Norma: Tragedia lírica en dos actos con libreto de Felice Romani y música de Vincenzo Bellini, estrenado en el Teatro de la Scala de Milán el 26 de Diciembre de 1831. Francesca Sassu (Norma), Sergio Escobar (Pollione), Susana Cordón (Adalgisa), Simón Orfila (Oroveso), Itxaso Loinaz (Clotilde), Julio Morales (Flavio). Coro Premier Ensemble de la Asociación Navarra de Amigos de la Ópera. Íñigo Casalí, director del coro. Orquesta Sinfónica de Navarra. Mario Pontiggia, director de escena y vestuario. Antonella Conte, diseñadora de escenografía. Chema Fernández, diseño de iluminación. Jose Miguel Pérez Sierra, director musical. Producción de la Asociación Canaria de Amigos de la Ópera. Función inscrita en la temporada de espectáculos de la Fundación Baluarte 2019-2020.

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Cuando nos referimos a la ópera italiana, habitualmente centramos la atención en los cantantes, y no sin razón. Las óperas italianas del siglo XIX normalmente estaban concebidas de acuerdo con los intérpretes vocales disponibles en el momento de su estreno, de manera que la principal tarea de los compositores era conseguir que todos ellos tuvieran una cuota de protagonismo adecuada. Desde esa perspectiva, Norma de Bellini no es ninguna excepción. Las tremendas exigencias de personajes como Norma y (en menor medida) Adalgisa responden a las posibilidades reales que ofrecía la oportunidad de contar con las mejores cantantes del momento y eso se nota. Por supuesto, el éxito de una producción de esta ópera depende de que los cantantes cumplan con su papel de forma adecuada.

Pero a veces puede ocurrir que el director musical asuma el liderazgo de la función. En el caso que nos ocupa, Jose Miguel Pérez Sierra asumió el control de la representación desde el comienzo. Fueron muy llamativos los primeros acordes de la obertura, a un tempo desusadamente lento, que crearon un dramatismo inhabitual en ese momento, pero sólo fue el comienzo de una dirección propia de un maestro curtido en mil batallas operísticas, plenamente conocedor del lenguaje belcantista y de todos los códigos de la ópera italiana. El lirismo, el sentido militar, el drama, etc., todo tuvo su espacio durante la interpretación, con algunos momentos espectaculares como la entrada de los soldados galos con Pollione preso al final del segundo acto. Pocas veces se puede observar en este título un dominio tan claro por parte de un director musical.

Vocalmente, los resultados no llegaron a tan alto nivel. Se esperaba con gran expectación la Norma de Lianna Haroutounian, y al cancelar su participación la soprano armenia se creó un problema de solución muy difícil. Francesca Sassu demostró ser una alternativa plausible, con una voz suficiente para el papel si aceptamos una Norma más vulnerable de lo habitual. El problema fundamental en la primera parte fueron sus agudos, algo estridentes y no siempre suficientes, pero la cantante italiana demostró sentido dramático y gran calidad de fraseo. A su lado, Susana Cordón fue una Adalgisa que superó las expectativas. Segura en toda la gama del registro y con un fraseo de gran calidad en toda la función, la cantante supo fundir su voz con la de Francesca Sassu en los momentos importantes y ofreció una Adalgisa más que interesante.

Era de esperar que Sergio Escobar realizara una buena actuación en el personaje de Pollione. El tenor toledano siempre ha tenido una voz amplia y poderosa y ahora frasea con mucha más musicalidad que lo que de él conocíamos anteriormente; además, sus variaciones en las repeticiones de sus arias son una de esas notas de color que tanto echamos de menos en la ópera de hoy. El bajo Simón Orfila realizó un buen Orobeso de expresión hierática. Es un cantante siempre muy considerado por crítica y público, pero en esta ocasión concreta se le podía pedir mayor variedad expresiva. Los demás personajes hicieron una buena labor, igual que el Coro de la AGAO, siempre rotundo y contundente.

Así pues, fue una buena interpretación de Norma de Bellini, marcada por el protagonismo de un Jose Miguel Pérez Sierra que, además de acompañar con gran profesionalidad, conoce bien la receta de la ópera italiana: pulso y drama.

ESCENA Fernando Hernández

“Envaramiento”

Es muy difícil sacar a las tragedias belcantistas de su envaramiento escénico: Norma da muy buena música, pero su parte teatral está a años luz de los códigos actuales. Mario Pontiggia, responsable de la dirección escénica y el vestuario, explicaba antes de la representación que había dejado fuera “toda esa parte de batallas y de invasiones romanas”. Sin embargo, despojar a la ópera de ese conflicto hace que el espectador pierda algunas de las claves que puede sentir como más modernas en esta ópera: la resistencia frente al invasor, el choque de tradiciones, el debate entre las lealtades personales y colectivas o el enfrentamiento entre dioses terribles, los de los galos, y otros, por decirlo así, más compasivos, los del panteón romano. Desprovista de estas ideas, Norma se queda en la caída de dos sacerdotisas comprometidas con su castidad, seducidas sucesivamente por una especie de playboy romano.

La puesta en escena fue sencilla y efectiva. Una serie de planos rectos y curvos creaban espacios suficientes donde situar a los protagonistas y a los coros; las proyecciones permitían establecer el paso del tiempo, pero no terminaban de transmitir el ambiente opresivo que en ocasiones pide el texto. El árbol sagrado, que descendía sobre el escenario, tomaba el aspecto de Irminsul, el terrible dios al que sirve Norma. En otra escena dominaban el escenario unos círculos concéntricos que parecían más precolombinos que celtas, tal vez una referencia a los sacrificios humanos. O no.

Sobre un escenario con posibilidades, protagonistas y coro sufrían ese envaramiento del que hablaba antes. Los movimientos de los cantantes tenían como objetivo terminar en unas posiciones predeterminadas, pero parecían forzados. En un par de ocasiones fue evidente que pretendían congelar la acción, esperando el aplauso, o tal vez tratando de provocarlo. Privada de la épica, esta Norma podía haber virado hacia el intimismo, pero no lo consiguió. Cuando Norma tiene que cortar el muérdago, en lugar de llevar a la soprano hasta el árbol y hacer que lo coseche de una forma sencilla, el director marca a la sacerdotisa tres molinetes con el brazo que privan a la ceremonia de cualquier intimidad religiosa. En general, los actores se limitaban con sus gestos a subrayar lo evidente. Resulta desfasado que Adalgisa se toque el pelo cuando su texto menciona los rizos de su cabellera.

El domingo quedó claro que en esta Norma se da por supuesto que la música está por encima del libreto, lo que es cierto. Pero creo que es posible sacar más partido del teatro que hay en la ópera.

Autor entrada: xabier armendariz

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