LA ORQUESTA SINFÓNICA DE NAVARRA «DECONSTRUYEDO LA ORQUESTA» EN LA CIUDADELA

CLÁSICA Xabier Armendáriz

«Deconstruyendo la orquesta»

Viernes, 20 de agosto de 2021. Ciudadela de Pamplona. Marta Juániz, presentadora. Orquesta Sinfónica de Navarra. Cecilia Berkovich y Santiago Blanco, directores. Obras de Karl Jenkins, Antonin Dvorák, Cecilia Berkovich, Johann Pachelbel, Richard Strauss, Tilman Susato, Henri Tomasi y Aaron Copland.

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La tarde había sido muy calurosa, pero a la hora del concierto el sol empezaba a ceder y el ambiente era ideal para reunirse a escuchar música en la Ciudadela. Y así, se pudo ofrecer en buenas condiciones la actuación de la Orquesta Sinfónica de Navarra en el ciclo Viva Pamplona viva, organizado por el Ayuntamiento de Pamplona, que continúa dinamizando la vida cultural de la capital en verano.

En esta ocasión, y dadas las limitaciones del escenario de la Ciudadela —también los músicos debían respetar la distancia social—, la Orquesta Sinfónica de Navarra no se presentó conjuntamente, sino por secciones: primero la cuerda, luego la madera y finalmente metales y percusión. Se hizo de la necesidad virtud y se escuchó un programa muy variado, con música que abarcaba cuatro siglos de Historia.

El hilo conductor lo ofreció Marta Juániz, que realizó presentaciones cargadas de jugosas anécdotas y bien diseñadas, de manera que los tiempos de transición entre las diferentes partes del concierto, necesarios para acomodar a los músicos protagonistas en cada momento, se pasaron más rápidamente. El concierto se inició con la sección de cuerdas, que ofreció un programa a base de clásicos populares, empezando por el ahora bastante conocido primer movimiento de Paladio de Karl Jenkins (sintonía de Música a la carta de Radio Clásica durante algunos años), y terminando por el siempre popular Canon de Pachelbel, con paradas intermedias en el vals de la Serenata para cuerdas de Dvorák y un arreglo de la concertino y directora, Cecilia Berkovich, de bandas sonoras de la era dorada de Hollywood. Todo ello música agradable y muy conocida que la integrante del Trío Arbós dirigió con gran solvencia. Es verdad que el primer movimiento de Paladio quizá debería haber sonado más mecánico para mantener el impulso rítmico, pero la propia Berkovich también se permitió desde su puesto de primer violín licencias muy interesantes en dicha obra. Las cuerdas de la Orquesta Sinfónica de Navarra demostraron su gran nivel habitual.

Las maderas de la Sinfónica de Navarra ofrecieron la Suite para instrumentos de viento de Richard Strauss, una obra de juventud del autor bávaro que tiene un segundo movimiento de gran belleza y anticipa el estilo del Strauss posterior. Las maderas de la orquesta ofrecieron de ella una gran interpretación, centrando la atención en el citado movimiento lento que se tomó a un tempo adecuadamente fluido. Fue un descubrimiento interesante para muchos melómanos, pues esta obra se interpreta muy raramente.

Como es habitual en estos casos, los metales de la Sinfónica de Navarra ofrecieron la actuación más espectacular. Abrieron con cuatro danzas de Tilman Susato, impresor de música de mediados del siglo XVI;eso sí, con esta instrumentación escuchada en el concierto, sonaban más bien a las recreaciones que los compositores neoclásicos hacían de estas músicas a mediados del siglo XX.

Siguieron con Procesión del Viernes Santo de Henri Tomasi, una inquietante plasmación musical de una procesión de Semana Santa para brass band que, interpretativamente, supuso el punto culminante del concierto. Finalmente, no faltó la Fanfarria del hombre corriente de Aaron Copland, que terminó el concierto con la grandiosidad esperable.

En conjunto, fue un concierto inusual; pocas veces podemos ver en una sola velada una “deconstrucción” tan clara del funcionamiento de la maquinaria sinfónica. Por lo demás, los miembros de la Orquesta Sinfónica de Navarra mostraron su mejor nivel frente a un público entusiasta.

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Autor entrada: xabier armendariz

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