LA O.S.NAVARRA A «TOMAR DISTANCIA» EN BALUARTE

CLÁSICA Xabier Armendáriz

«Tomar distancia»

A partir de 1930, Igor Stravinsky escribió un amplio conjunto de textos teóricos que nos presentan a un compositor sarcástico que, de manera algo artificiosa, justifica su labor creativa adoptando una visión antirromántica de la música. Según él, la música es incapaz de transmitir cualquier sentimiento o emoción y los intérpretes sólo pueden hacerle justicia tomando distancia, limitándose a hacer sonar las notas correctas.

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El propio Stravinsky tomó aparentemente esta vía interpretativa en una amplísima serie de grabaciones, en las que sin embargo su personalidad se percibe, a veces con resultados reveladores. Pero estas ideas, seguramente apropiadas en una época en que los intérpretes se tomaban muchas libertades con la música, ahora parecen excesivas.

En el tercer concierto de la temporada de la Orquesta Sinfónica de Navarra, se presentaba al frente del conjunto el canadiense Yves Abel, que iniciaba su programa con la versión orquestal de Le tombeau de Couperin de Maurice Ravel, una obra que es un homenaje a la tradición de la suite barroca e igualmente una despedida a varios amigos del compositor fallecidos en la guerra.

La versión orquestal presenta cuatro danzas basadas en modelos barrocos, donde el cuidado del color sonoro y algunos momentos de cierto dramatismo deben producir impacto. Yves Abel tomó la partitura literalmente, sin apenas permitir que las maderas de la orquesta lucieran todo su esplendor, particularmente en un Minueto excesivamente ligero de carácter.

Prosiguió la sesión con el Concierto en Sol de Ravel, una obra influida por el nuevo fenómeno del jazz y donde el segundo movimiento es el centro neurálgico, con esa melodía presentada por la mano derecha del piano que vuela libre y elegante sobre un acompañamiento mecánico. Era un territorio adecuado en principio para una pianista como Rosa Torres Pardo, dominadora del repertorio del siglo XX. Pero la solista decidió tomar el comienzo del movimiento lento con libertades muy marcadas en el acompañamiento, cambiando el concepto general.

Yves Abel se limitó a controlar que todo estuviera en su lugar, sin arriesgar nada en el brioso final, que debería producir una mayor reacción del público. Rosa Torres Pardo ofreció como propina la Milonga sureña número 5 de Juan José Ramos, a la que otorgó aires de salón y un cierto decadentismo muy convenientes.

Tras un descanso innecesario, se cerró el concierto con la suite de 1919 de El pájaro de fuego, la obra que dio a conocer a Igor Stravinsky en el panorama internacional y que, en su versión completa, es una de las composiciones de orquestación más espectacular del repertorio.

Esta suite de 1919 que escuchamos es la más famosa de las tres preparadas por el propio Stravinsky, aunque no la mejor, pues la suite de 1945 es más completa y permite familiarizarse mejor con esta obra de transición.

El director canadiense puso otra vez en práctica la “doctrina Stravinsky” y no acentuó la grandiosidad de la sección final, pero se perdieron por el camino muchas sutilezas de la partitura. Eso sí, los músicos de la Sinfónica de Navarra mostraron un grado de motivación más que evidente.

En conjunto, asistimos a un concierto atractivo, que debió haberse saldado con un triunfo sonoro de orquesta y director de principio a fin. Y de hecho, las ovaciones fueron amplias, pero la reacción inmediata no fue tan entusiasta como cabía esperar. Tomar distancia sobre las obras en atriles no siempre es adecuado.

Jueves, 11 de noviembre de 2021. Auditorio Baluarte de Pamplona. Rosa Torres Pardo, piano. Orquesta Sinfónica de Navarra. Yves Abel, director. Maurice Ravel: Le tombeau de Couperin (versión para orquesta a partir de la suite para piano realizada en 1919), (1917). Concierto para piano en Sol (1931). Igor Stravinsky: El pájaro de fuego (suite extraída del ballet por el compositor en 1919), (1910). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Navarra 2021-2022.

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Autor entrada: xabier armendariz

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