LA O.S.N. CON JOAQUÍN RIQUELME «DIRECTAMENTE DESDE BERLÍN» EN BALUARTE

CLÁSICA Xabier Armendáriz

«Directamente desde Berlín»

Viernes, 21 de febrero de 2021. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Joaquín Riquelme, viola. Orquesta Sinfónica de Navarra. Manuel Hernández-Silva, director. W.A. Mozart: Sinfonía número 35 en Re mayor, KV 385, (Haffner), (1782). Bela Bartok: Concierto para viola y orquesta, SZ 120, BB 128 (versión terminada por Tibor Serly en 1947), (1945). Antonin Dvorák: Sinfonía número 9 en Mi menor, Op. 95, B. 178(Desde el Nuevo Mundo), (1893). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Navarra.

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En la primavera del año 2015, los componentes de la Orquesta Filarmónica de Berlín se reunían en la Jesus-Christus Kirche, una antigua iglesia situada a las afueras de la capital alemana en la que la orquesta ha realizado muchas de las grabaciones que la han hecho célebre en los últimos setenta años.

Su entonces director titular, Simon Rattle, dejaba la orquesta en 2018 y los músicos se reunían, a modo de cónclave, para elegir al siguiente director. Muchas eran las especulaciones que se hacían en los medios musicales y en algunos generalistas y, en el caso de la prensa española, una voz alcanzó cierto protagonismo.

Joaquín Riquelme, violista español y miembro de la Filarmónica de Berlín, no comentó por supuesto detalles de lo que ocurrió en esas horas de deliberación, pero sí tuvo oportunidad de explicar la importancia de poder participar de un proceso tan señalado. Como sabemos, después de algunos rumores falsos, el proceso terminó con la elección de Kirill Petrenko como nuevo titular.

Fue aquella la primera vez en que el firmante conocía el nombre de Joaquín Riquelme y ahora hemos podido escucharle tocando en Pamplona. Se presentaba interpretando el Concierto para viola y orquesta de Bela Bartok, compuesto por el autor húngaro en sus últimos días de vida en Nueva York; de hecho, Bartok no pudo terminar la obra personalmente y dejó bastante trabajo en manos de Tibor Serly, cuya finalización es la que habitualmente se escucha en concierto.

Es una obra extensa, donde Bartok explora el carácter lírico de la viola; sólo en el último movimiento se apuntan los rasgos folklóricos que habitualmente asociamos al húngaro. Riquelme realizó una interpretación muy ajustada técnicamente y siempre atendiendo la dimensión más lírica y menos vanguardista del concierto, apoyado en un Manuel Hernández-Silva muy metido en la obra y que sacó especial rendimiento, sobre todo a las maderas.

Después, Riquelme agradeció al público su presencia y la oportunidad de poder tocar frente a una audiencia presencial, algo que como bien decía, “no ocurre en todas partes”; tras esto, interpretó la Allemande de la Suite para violonchelo solo número 1 de Bach.

Se cerró la sesión con la Sinfonía número 9 de Antonin Dvorák, otra obra de un compositor europeo escrita en Estados Unidos, aunque el checo acudió allí por razones académicas y no como exiliado político. Hernández-Silva ofreció una interpretación de la obra muy cercana a lo que suelen proponer con ella los directores checos, buscando más la fluidez y el drama que el sentido paisajístico. Así, el famoso Largo fue tomado a un tempo quizá excesivamente rápido y perdió magia, pero el Finale alcanzó una viveza y un dramatismo sorprendentes, sobre todo en la sección final.

No procedía realmente abrir el concierto con la Sinfonía número 35 de Mozart, que rompía el hilo temático del resto del programa y, en términos relativos, aportaba pocas novedades. Pero sabemos que Manuel Hernández-Silva es un especialista en este compositor y volvió a demostrarlo en una interpretación muy bien medida, con su justo toque de contundencia historicista en los timbales y, sobre todo, cargada de equilibrio y serenidad.

En conjunto, fue un concierto de interés en donde hemos podido escuchar a un músico español que está haciendo una importante carrera, aunque escondido en los atriles de la Filarmónica de Berlín.

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Autor entrada: xabier armendariz

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