LA MÚSICA DE “PARÍS 1800” SUENA EN EL NUEVO CASINO

“París 1800”

El dúo musical formado por Marta Ramírez y Eloy Orzaiz. CALLEJA/ARCHIVO

Miércoles, 19 de febrero de 2020. Nuevo Casino de Pamplona. Marta Ramírez, violín. Eloy Orzaiz, piano. Wolfgang Amadeus Mozart: Sonata para violín y piano número 27 en Sol mayor, KV 379 (1781). Héléne de Montgeroult: Sonata para violín y piano en La menor, Op. 2 número 3 (ca. 1800). Jan Ladislav Dussek: Sonata para violín y piano Op. 5 número 1 (ca. 1785). Wolfgang Amadeus Mozart: Sonata para violín y piano número 23 en Re mayor, KV 306 (1778). Concierto organizado en el Nuevo Casino de Pamplona.

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En muchas ocasiones, los recitales de violín y piano nos ofrecen un esquema similar. Una gran estrella del violín tiende a tomar el protagonismo frente a un pianista que, en general, pasa desapercibido. En disco, también ocurre esto muchas veces, incluso con obras que necesitan una disposición muy diferente. La historia de la fonografía está plagada de ejemplos de grabaciones de la Sonata para violín y piano de César Franck lastradas por contar con un pianista netamente inferior al violinista que se quería erigir como protagonista del disco.

En el concierto que nos ocupa, dedicado a la música para violín y piano escrita en París en torno al año 1800, este acercamiento habría sido particularmente inconveniente. Durante la segunda mitad del siglo XVIII, no era infrecuente la publicación de sonatas escritas para piano y con acompañamiento opcional de violín; son obras donde el protagonista principal es el piano y en las que el violín adorna, más o menos graciosamente, tomando alguna melodía ocasional en alternancia con el piano.

Son composiciones pensadas para el consumo doméstico, a veces con intención pedagógica, en las cuales el intercambio camerístico es en ocasiones muy limitado. De las cuatro composiciones incluidas en esta velada, dos pertenecían a esta categoría, mientras que las restantes, escritas por Mozart en el entorno del fatídico viaje a París de 1778, tampoco otorgan un gran protagonismo al violín. Es cierto que el intercambio entre los dos instrumentos es algo mayor, pero tal como afirmaba Eloy Orzaiz en la presentación de las obras del concierto, otorgarle al solista de violín el mismo peso que en la literatura posterior no es seguramente la aproximación más acertada.

Fue también un concierto de acercamiento a autores poco escuchados. Jan Ldislav Dussek es una suerte de eslabón perdido entre Mozart y Beethoven, que aportó importantes novedades en la música orquestal y para piano pero que es más citado en los libros de Historia de la Música que interpretado en público.

En el caso de Héléne de Montgeroult, una de las pianistas más reconocidas de su tiempo, es una autora cuyas composiciones se están recuperando recientemente. Las obras de ambos autores incluidas en el concierto se sitúan dentro de este abanico temporal de transición, con algunos resabios de estilo galante y un tratamiento que hace menciones constantes a la escritura operística. Todos estos aspectos fueron especialmente cuidados en la sesión que nos ocupa, ofrecida por Marta Ramírez y Eloy Orzaiz. En sus manos, las cuatro sonatas sonaron con gran intimismo, dentro de un estilo interpretativo nada mecánico y que ofreció los mejores momentos en los movimientos lentos, cuando los dos instrumentistas mostraron su fraseo más depurado.

Aunque en el primer movimiento de la Sonata KV 379 Orzaiz abusó por momentos del pedal (un defecto curioso tratándose de un piano como el del Casino donde el pedal no es particularmente expansivo), el pianista navarro supo superar las dificultades técnicas y expresivas sin problemas y Marta Ramírez hizo escuchar su violín en la medida justa y en los momentos adecuados. En conjunto, fue un concierto de gran nivel general, que sirvió para resituarnos en París en torno a 1800, en un ambiente recogido y exquisito, pero a la vez lleno de tensiones revolucionarias. El concierto no fue breve, pero la reacción entusiasta del público fue muy clara.

Autor entrada: xabier armendariz

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