«LA MAGIA» DE LA PIANISTA CLARA JUMI KANG EN BALUARTE

MÚSICA Xabier Armendáriz

La magia

Jueves, 28 de octubre de 2021. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Clara-Jumi Kang, violín. Orquesta Sinfónica de Navarra. François López Ferrer, director. Johannes Brahms: Concierto para violín y orquesta en Re mayor, Op. 77, (1878). Sir Edward Elgar: Variaciones sobre un tema original, Op. 36, (Variaciones Enigma), (1899). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Navarra 2021-2022.

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Se llevaba algo más de un cuarto de hora de concierto cuando, después de un turbulento clímax orquestal, se hizo el silencio. Era el momento de la cadencia, la tradicional intervención del solista que suele producirse cerca del final del primer movimiento. Como era habitual en los conciertos de finales del siglo XVIII, (pero no cuando Brahms escribió este concierto), el compositor no anotó nada concretamente para esa situación; se suponía que cada violinista debía improvisar su solo. Naturalmente, hoy ningún violinista improvisa la cadencia en el Concierto para violín de Brahms; más bien, los intérpretes suelen acogerse a una de las cadencias ya publicadas. La opción abrumadoramente mayoritaria es la cadencia propuesta por Joseph Joachim, dedicatario de la obra y consejero de Brahms durante todo el proceso de composición.

Pues bien, Clara-Jumi Kang también eligió la cadencia de Joseph Joachim, pero la elevó a otra dimensión. Pocas veces se ha escuchado en Pamplona una interpretación tan medida de dicha cadencia, con tanta atención a los silencios y a la construcción del discurso musical, desde el brioso arranque hasta el lírico final, pasando por las explosiones tempestuosas de la parte central. Fue uno de esos momentos mágicos aislados, fogonazos de inspiración que a veces surgen en conciertos que, hasta entonces, no despegaban.

En este caso, la magia se mantuvo. François López Ferrer había acompañado hasta entonces con atención a los detalles y a las intervenciones a solo de las maderas, pero fue en el segundo movimiento cuando su dirección tomó vuelo. El tempo era fluido, pero permitió a Kang la flexibilidad suficiente para que las frases adquirieran su pleno sentido. Nuevamente, en el tercer movimiento el público descendió a la tierra y tanto director como solista ofrecieron una lectura simplemente eficaz. Pero la magia ya se había hecho presente y seguiría manifestándose: primero en la propina de Kang, (el Andante de la Sonata BWv 1003 de Bach), y después en la segunda parte.

Como cierre de sesión, se anunciaban las Variaciones Enigma de Edward Elgar, la obra que colocó en el mapa al compositor inglés. Hablamos de una serie de variaciones en las que el autor británico retrata musicalmente a algunos de sus mejores amigos, con cariño y no poco sentido del humor. Es una buena piedra de toque para medir la capacidad de cualquier director y François López Ferrer la superó con creces. Al igual que sucedía con su padre, Jesús López-Cobos, este director demostró oficio e ideas claras y distintas sobre las obras, ofreciendo unas Enigma con mucho carácter y bien diferenciadas, en las que todos los instrumentistas tuvieron ocasión de lucimiento. Fue especialmente destacable la célebre variación IX, (Nimrod), donde el tempo particularmente fluido no supuso ninguna pérdida de emoción. Y el único defecto de la interpretación fue que López Ferrer no logró dar coherencia a las pausas entre las variaciones; en principio, puede haber algunas que necesiten de mayor reposo, pero no debe dar tiempo a que el público se recomponga tan fácilmente.

En conjunto, fue un gran concierto, en donde vimos aparecer aquí y allá la inspiración, la magia, ese hormigueo indefinible que aparece de vez en cuando en los conciertos clásicos y que es lo máximo que los aficionados podemos esperar cuando entramos en un auditorio.

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Autor entrada: xabier armendariz

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