«LA HORA DE BRUCKNER» CON LA CORAL DE CÁMARA NAVARRA EN EL MONASTERIO DE LEYRE

CLÁSICA Xabier Armendáriz

“La hora de Bruckner”

El concierto que nos ocupa se abrió con la obra coral más conocida de Anton Bruckner, Locus iste, un motete que el autor austríaco compuso para la consagración de la Capilla Votiva de Linz, donde él era entonces organista de la catedral. Hablamos de una composición serena y solemne, con armonías relativamente convencionales y que muestra un estilo de composición muy ordenado, apenas alejado de las ideas del movimiento cecilianista, que preconizaba un tipo de escritura que recordara los principios formales de la polifonía del siglo XVI.

Por lo tanto, es una obra amable que ha contado con el favor del público y de los coros, que lo interpretan con cierta asiduidad, y era una puerta de entrada ideal para este concierto que comentamos, con la Coral de Cámara de Navarra. Pero el universo coral de Anton Bruckner es mucho más amplio. Este año 2024 se celebran los doscientos años del nacimiento de esta figura singular dentro de la música del siglo XIX, seguramente el único gran compositor de la centuria que fue durante toda su vida un músico de iglesia. Su formación monástica en la Abadía de San Florián (primero en su niñez y luego en su madurez como músico), y sus períodos como organista en la Catedral de Linz y en la Capilla del Hofburg (es decir, la sede de los Niños Cantores de Viena), así lo demuestran.

Las sinfonías de Anton Bruckner son sus productos más acabados y los que demuestran toda la riqueza de su lenguaje, pero estos motetes nos ofrecen su esencia en dimensiones más manejables para el gran público. Y aunque siempre se ha afirmado, incluso exagerado, la relación entre Bruckner y el cecilianismo, lo cierto es que el supuesto ultracatolicismo de Bruckner no le impidió experimentar con todo tipo de recursos también en estas obras, tal como el director de esta sesión, Sergi Moreno, explicaba en las detalladas notas al programa.

Y es que frente a la sencillez estructural de Locus iste, encontramos la sobriedad expresiva de Christus factus est, un clásico de las catedrales alemanas en los Oficios del Viernes Santo, o el esplendor de la sección final de Virga Jesse. Pero quizá sorprenden incluso más algunas obras menos conocidas, como su Vexilla regis, escrita también en su período final. En conjunto, escuchar esta integral de motetes tiene la virtud de desenmascarar los principales tópicos que se asocian con Bruckner, y sobre todo quitan argumentos a quienes siguen viendo en él un “beato”, un aldeano que jamás vio alterada su forma de vida o de pensamiento por el hecho de residir en la gran capital del Imperio Austrohúngaro.

La Coral de Cámara de Navarra no sólo ofreció los motetes de Bruckner, sino también las obras relacionadas con éstos, como los Aequali compuestos para instrumentos de viento metal, y las dos únicas obras para órgano que se tomó el esfuerzo de escribir. Y es que aunque Bruckner fue un gran organista, también era un magnífico improvisador. La ordenación del programa fue especialmente adecuada para el rendimiento de la Coral de cámara de Navarra, empezando por una obra sencilla como Locus iste pero complicando la materia conforme avanzaba el concierto.

A lo largo de toda la sesión, el coro sonó muy compacto y contrastado, y Sergi Moreno supo tomarse su tiempo en las obras que así lo requerían, contando con la colaboración necesaria de la propia Iglesia del Monasterio de Leyre, ideal para este repertorio. Todos los músicos añadidos para obras concretas realizaron una labor extraordinaria, y en concreto las interpretaciones de Oscar Candendo nos hicieron imaginar cómo sonarían las transcripciones organísticas de sinfonías de Bruckner en el espacio de la iglesia de Leyre.

Una hora y cuarto después de que empezara la sesión, se volvía a escuchar el motete Locus iste de Anton Bruckner, igual que al comienzo del concierto, pero la sensación era completamente diferente. El público, que había seguido sin un solo aplauso toda la sesión y en completa concentración, pudo reevaluar una obra que, tocada fuera de contexto, parece incluso algo académica. A pesar de lo que afirman entre nosotros intelectuales como Sergio del Molino, hace mucho que, más allá de Europa Central, ha llegado el tiempo de Anton Bruckner.

Autor entrada: xabier armendariz

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