La Gran Duquesa de Gèrolstein Teatro de la Zarzuela 27/03/2015

Diversión

 

Viernes, 27 de Marzo de 2015. Teatro de la Zarzuela de Madrid. La Gran Duquesa de Gèrolstein: Zarzuela bufa en tres actos y cuatro cuadros con libreto de Henri Meilhac y Ludovic Halèvy traducido al español y adaptado por Enrique Mejías García, y música de Jacques Offenbach, estrenada en el Teatro del Circo de Madrid el 7 de Noviembre de 1868. Susana Cordón (La Gran Duquesa), José Luis Sola (Fritz), Elena Sancho (Wanda), Manuel de Diego (El Conde Puck), César San Martín (El General Bum), Gustavo Peña (El Príncipe Pol), Francisco Crespo (El Barón Grog), Enrique R. del Portal (El Capitán Nepomuceno), Leonor Bonilla (Iza), Nuria García Arrés (Olga), Ana Cadaval (Amelia), Ana Moroz (Carlota), Juan Ignacio Artiles (Notario). Coro del Teatro de la Zarzuela. Antonio Fauró, director del coro. Orquesta Sinfónica de la Comunidad de Madrid (Titular del Teatro de la Zarzuela). Pierluigi Pizzi, dirección de escena, escenografía, vestuario e iluminación. Massimo Gasparon, realización de la dirección de escena. Marco Berriel, coreografía. Cristóbal Soler, dirección musical. Edición crítica de la partitura preparada por Jean-Christophe Keck. Producción del Festival del Valle de Itria de Martina Franca. Función inscrita en la temporada del Teatro de la Zarzuela 2014-2015.

 

Cuando uno asiste a una función de opereta, parece claro lo que debe esperarse del espectáculo. Al margen de que una buena opereta como La Gran Duquesa de Gèrolstein puede hacer pensar en muchas cosas, (la inutilidad de la guerra, el excesivo ritualismo de la Milicia, la voluntad de los hombres de someter y controlar constantemente a las mujeres, la supuesta voracidad sexual de estas últimas, etc.), lo que debe esperarse de un espectáculo como el que nos ocupa es, por encima de todo, que el público se divierta y pase un rato relajado en un ambiente desenfadado y alegre. Por supuesto, una música como la de Offenbach hace mucho porque se cumpla este objetivo, pero la opereta se puede hacer de muchas maneras distintas, y está en manos de los intérpretes que esto se consiga.

En la función que nos ocupa, este objetivo se consiguió con creces. Es verdad que se ha dicho de la escenografía de Pierluigi Pizzi que, en la línea de muchas producciones modernas, el escenógrafo italiano ha obviado algunas de las implicaciones más corrosivas del texto para dejar un mensaje algo más amable. En todo caso, eso sería sin embargo un defecto menor, frente a las virtudes innegables que presentaba la producción. El ir y venir de los personajes en escena, contando también el patio de butacas, estaba bien planteado, y la reacción del público mostraba que el trabajo actoral fue en general bien resuelto.

Vocalmente, la estrella de la tarde debía ser la Gran Duquesa de Susana Cordón, que al parecer funcionó mejor como actriz que como cantante. Su actuación vocal fue a más conforme avanzaba la función. Si en el primer acto se mostró algo incómoda con las agilidades, particularmente en su aria de entrada, posteriormente fue entonándose y llegó a componer un personaje repleto de pliegues expresivos, manejando con gran habilidad las partes habladas. En realidad, esto último puede extenderse a todos los intervinientes.

José Luis Sola tenía encomendado el papel de Fritz, y completó posiblemente la mejor actuación que le hemos escuchado. Cantó con mucha expresividad en sus dúos con Wanda, y supo estar a la altura en los escasos momentos que requieren un aire más militar. Elena Sancho interpretó la parte de Wanda con mucha gracia y salero, que es exactamente lo que pide su personaje. Por lo demás, el resto de personajes fueron bien servidos, especialmente en el orden actoral, y César San Martín pareció especialmente procedente en el papel del General Bum. El firmante confiesa que la melodía del estribillo de los cuplés de este personaje no se ha borrado aún de su mente.

El Coro del Teatro de la Zarzuela cantó con empaste y expresividad, aunque tardó algunos minutos al comienzo del primer acto en adaptarse a las condiciones del teatro. Cristóbal Soler condujo la función con animación y alegría; no derramó el champán, a la manera de un Minkowski, (el director que muchos consideran el mayor exponente actual de este repertorio), pero personalmente preferimos el orden y el buen humor de Soler que el cierto descontrol en el que incurre el director francés.

En conjunto, fue una función de La Gran Duquesa de Gèrolstein coronada por un bien merecido éxito, en la que el público, empezando por el firmante, disfrutó visiblemente. Y es que, tratándose de una opereta, ¿qué más se puede pedir?

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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