Clásica Xabier Armendáriz
“La eterna juventud”
Jueves, 20 de marzo de 2025. Auditorio Baluarte de Pamplona. Orquesta Sinfónica de Navarra. Antoni Wit, director. Felix Mendelssohn: Ruy Blas, obertura Op. 95 (1839). Sinfonía número 1 en Do menor, Op. 11 (1824). Antonin Dvorák: Sinfonía número 7 en Re menor, Op. 70, B. 141 (1885). Concierto inscrito en la Temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Navarra 2024-2025.
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Al contrario que muchos de los instrumentistas, los directores musicales se han podido permitir, en general, retiradas tardías. De hecho, muchos de los directores de orquesta míticos han sido especialmente reconocidos por mantener sus carreras hasta edades muy longevas, y a menudo han alcanzado sus mejores resultados en sus últimos años de actividad.
Directores como Pierre Monteux, Otto Klemperer o Leopold Stokowski seguían dirigiendo cuando se acercaban a los nov enta años, e incluso algunos de ellos lo siguieron haciendo después. En la actualidad, el director sueco Herbert Blomstedt sigue en activo dirigiendo a las mejores orquestas del mundo a sus 97 años y, de hecho, es en estos últimos diez años cuando está desplegando todo su arsenal en plenitud.
A Antoni Wit le quedan todavía unos cuantos años antes de alcanzar la longevidad en activo de los directores citados, y a juzgar por lo escuchado en el concierto que nos ocupa de la temporada de la Orquesta Sinfónica de Navarra, sigue demostrando una considerable vitalidad. Lo demostró en un concierto con un programa confeccionado a su medida, donde ha incorporado tres obras en las que cree y que conoce como pocas batutas más en la actualidad.
Después de una trayectoria tan amplia y destacada, Antoni Wit puede permitirse el lujo de presentarse de nuevo con una formación como la Orquesta Sinfónica de Navarra, de la que fue titular en su día, y repetir con la formación navarra dos obras que ya le escuchamos en su momento, aunque es cierto que hace ya unos cuantos años.
Pero significativamente, la novedad del concierto resultó ser lo más interesante. La Obertura Ruy Blas de Mendelssohn es una obra de madurez del compositor berlinés, aunque a menudo dejada de lado por su relativa brevedad y su teórico academicismo formal. Sin embargo, Antoni Wit ofreció una interpretación de gran severidad, ya anunciada por el poderoso coral de metales del comienzo, y desplegó el resto con extraordinario vigor e ímpetu, sin ninguna concesión historicista. Posteriormente, aprovechó la deriva para iniciar con poderoso impulso la llamada Primera sinfonía del mismo autor, —antes había escrito Mendelssohn trece sinfonías para orquesta de cuerda—, ofreciendo una interpretación de un solo trazo y cuidando una sonoridad granítica pero que también permitió escuchar las importantes intervenciones de las maderas. Hubo algunos momentos de precipitación y el movimiento final resultó algo menos cuidado en lo formal, pero el resultado general de la interpretación siguió sorprendiendo.
Ya en la segunda parte, se escuchó la Séptima Sinfonía de Antonin Dvorák, la obra más supuestamente “brahmsiana” del compositor checo. Sin embargo, como era de esperar, Antoni Wit prefirió enfatizar la vertiente más agreste y dramática de la composición, destacando la fuerza rítmica de los movimientos extremos. El modelo en discos, y seguramente la interpretación más acabada según este planteamiento, fue la grabación de la obra de Georges Szell con la Orquesta de Cleveland.
Como suele ocurrir en estos casos, a Antoni Wit se le escapó una parte del lirismo melancólico del segundo movimiento; clarinete y corno inglés rindieron a buen nivel, pero el tempo fluido no les permitió aprovecharlo en su totalidad. Pero los dos últimos movimientos son ideales para un concepto como el de Wit y, en concreto, la solemnidad del Finale fue muy emocionante.
En conjunto, fue una nueva oportunidad de escuchar a Antoni Wit con la Orquesta Sinfónica de Navarra, en un programa donde la Obertura Ruy Blas de Felix Mendelssohn resultó ser lo más destacado.

