«JUEGO DE ESPEJOS» CON EL GRUPO VIVALMA EN LA FÁBRICA DE GOMAS EN EL CICLO POMPAELO ANTIQUA 2025

Música Xabier Armendáriz

“Juego de espejos”

Domingo, 1 de junio de 2025. La Fábrica de Gomas. Vivalma (Marta Ramírez, violín; Marina Cabello, viola da gamba; Inés Moreno, clave). Obras de Antoine Forqueray, Jean-Philipe Rameau, Marin Marais, Jean-Baptiste Forqueray, Jean-Marie Leclair, Arcangelo Corelli y Alessandro Scarlatti. Concierto inscrito en el Ciclo Pompaelo Antiqua 2025.

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Los cruces de caminos entre los compositores han sido una constante en la Historia de la Música. En muchos casos, las influencias son puramente formativas, debidas a la relación entre maestros y discípulos. En otras ocasiones, los compositores se encuentran entre ellos y traban amistad cuando ya son figuras reconocidas de la composición y la influencia se produjo por pura convivencia, como ocurrió cuando Joseph Haydn y Wolfgang Amadeus Mozart coincidieron en Viena, lo que le llevó al salzburgués a escribir sus cuartetos de cuerda más importantes. Más recientemente, los compositores releen los repertorios del pasado para proyectarlos con una nueva luz, como hizo Igor Stravinsky en Pulcinella o Hans Zender cuando reformuló el Viaje de invierno de Schubert. Pero lo más habitual es que los “homenajes” entre compositores se produzcan de manera más puntual: composiciones en homenaje a autores ilustres recientemente fallecidos, (el encadenamiento de elogios fúnebres que se produjo entre los principales autores francoflamencos de los siglos XV y XVI), o pequeños guiños entre diferentes autores contemporáneos entre sí, que “imitan” los respectivos estilos musicales o maneras de tocar.

El concierto que nos ocupa cerraba el ciclo Pompaelo Antiqua, una iniciativa emprendida por la violinista Marta Ramírez en torno a la música barroca. En el concierto que nos ocupa, su conjunto Vivalma proponía un interesante programa en donde se exploraban obras de varios de los principales compositores franceses de comienzos del siglo XVIII. Eran composiciones breves, separadas de sus contextos originales y que ofrecían un verdadero intercambio de homenajes entre autores contemporáneos entre sí. Así, Antoine Forqueray imitaba el enérgico estilo interpretativo de Jean-Philipe Rameau y éste le respondía en consecuencia con otra obra muy ingeniosa, incorporándose en el programa asimismo otras piezas en homenaje a Marin Marais. Posteriormente, escuchábamos a Jean-Baptiste Forqueray homenajear a Jean-Marie Leclair, principal violinista francés de la primera mitad del siglo XVIII, del que también se ofreció una de sus composiciones originales. En medio, la célebre Sonerie de Marin Marais, en la que el autor francés reimagina en música las campanas de la iglesia de Santa Genoveva del Monte en París.

En conjunto, Vivalma ofreció un concierto de alto nivel interpretativo. En los homenajes intercambiados entre los distintos compositores, pudimos observar el dominio del estilo de las tres instrumentistas, con fraseo muy imaginativo y el empleo juicioso de los elementos más característicos del estilo francés de este período, como las llamadas notas “desiguales”. Sorprendió el tempo contenido de la Sonerie de Marais, que en manos de Vivalma adquirió un carácter solemne poco habitual, pero la vitalidad de las tres intérpretes fue contagiosa en casi todo el resto del repertorio, especialmente en el homenaje a Marais compuesto por Rameau. Lo que mejor funcionó, con todo, fue el añadido que las tres intérpretes presentaron cerrando el programa oficial, incluso a riesgo de sacrificar la unidad del resto del concierto: utilizando diferentes series de variaciones sobre la folía compuestas por Marin Marais, Arcangelo Corelli y Alessandro Scarlatti, las tres intérpretes que conforman Vivalma las mezclaron con gran habilidad para ofrecer oportunidades de lucimiento para todas, demostrando a la vez su versatilidad. Las tres estuvieron a la altura, pero quizá las variaciones que mejor funcionaron fueron las creadas por Corelli, donde al contrario que los miembros del Gavetta Consort en la transcripción en forma de concierto de Geminiani, Marta Ramírez no necesitó excesivos contrastes de tempo para impresionar al público.

En conjunto, fue un cierre de ciclo de gran nivel que ha servido para descubrir un espacio ideal para estos repertorios más íntimos y recogidos.

Autor entrada: xabier armendariz

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