Juan de la Rubia Ciclo Órgano Larraga 19/08/2016

Especie en extinción

 

Viernes, 19 de Agosto de 2016. Iglesia de San Miguel de Larraga. Juan de la Rubia, órgano. Improvisaciones de Juan de la Rubia y obras de Johann Kaspar Kerlll, Sebastián Aguilera de Heredia, Ghirolamo Frescobaldi, José de Nebra, José de Larrañaga, Ramón Carnicer, Jesús María Muneta y Wolfgang Amadeus Mozart. Concierto inscrito en el IX Ciclo de Órgano Diego Gómez de Larraga 2016.

 

Se llevaba más de una hora de concierto en la Iglesia de San Miguel de Larraga. El público no había perdido en ningún momento el interés de una velada de gran nivel. Uno de los mejores organistas de hoy, Juan de la Rubia, había exprimido al máximo el instrumento ibérico de la iglesia de Larraga y se disponía a ofrecer una de sus especialidades. Sobre un tema propuesto por el organista local, el himno dedicado al Cristo del Socorro de la localidad, de la Rubia inició una improvisación de diez minutos de duración. En ella, desplegó todo su arte, desarrollando la melodía e incluyendo en la parte final un tratamiento contrapuntístico, prácticamente fugado. La música fluía con una lógica tan aplastante, que si no supiéramos que estábamos ante una improvisación, parecería que de la Rubia estaba interpretando una obra fijada en partitura. Sin duda, un logro extraordinario…, o al menos así nos lo parece a nosotros.

En realidad, lo que a nosotros nos parece extraordinario no les habría sorprendido tanto a los oyentes de hace cien años. Hasta entonces, el público esperaba que cualquier músico pudiera desarrollar en el momento pequeñas obras e improvisaciones. Compositores como Anton Bruckner debieron su fama a esta facultad, imprescindible para acceder a cualquier puesto de maestro de capilla catedralicia o cortesana, y en el siglo XIX para triunfar en los cafés concierto. Lamentablemente, los intérpretes clásicos han cambiado de actitud respecto a la improvisación. En los circuitos clásicos, se espera que un intérprete solista ejecute exactamente lo que está escrito en la partitura, respetando las indicaciones expresivas de manera acrítica. Incluso en los finales de los primeros movimientos de los conciertos clásicos, donde se debe tocar una cadencia por parte del solista, pocos músicos se atreven a apartarse de los ejemplos dejados por los compositores de las obras o sus contemporáneos. Sólo los organistas han conservado la facultad de improvisar verdaderas obras en el momento, y en esto Juan de la Rubia se mostró como una gran autoridad.

No obstante, el magisterio de Juan de la Rubia no se queda ahí. A lo largo del concierto, ofreció un repaso a la literatura ejecutable en un órgano ibérico, el tipo de instrumento habitual en España en los siglos XVI al XIX, que sólo tenía un pedalero muy primitivo (las llamadas “contras”) y se distinguía por su destacada trompetería exterior. Todas las obras fueron interpretadas con gran ajuste estilístico y descubriendo a buena parte del público a compositores bastante olvidados. Ya fue adecuadamente solemne la Pasacaglia de Johann Kaspar Kerll, organista alemán de finales del siglo XVII, pero el nivel interpretativo subió con las obras de autores españoles de los siglos XVII, XVIII y XIX. Mención especial merece la interpretación de la sonata de Carnicer, compositor muy cercano al círculo rossiniano, cuya influencia teatral supo captar desde los dos primeros acordes. Con todo, lo más impresionante fue nuevamente una improvisación sobre la Batalla imperial de Cabanilles, tan lograda en el estilo que, a quien no conociera el original, le habría resultado difícil de creer que hubiese sido concebida por un organista actual.

En conjunto, fue un concierto que demostró un magnífico nivel, por parte de un instrumentista de gran capacidad técnica y penetración analítica. Pero sobre todo, fue la actuación de un tipo de músico en vías de extinción, al menos en el mundo clásico, capaz de improvisar obras en el momento con una naturalidad admirable. ¿Estamos aún a tiempo para recuperar la figura del intérprete-compositor-improvisador?

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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