JOSEP COLOM “PIANISTA DE PIANISTAS” EN LA CIUDADELA DE PAMPLONA EN EL FESTIVAL RE-CLASSICS

MÚSICA Xabier Armendáriz

Pianista de pianistas

Jueves, 30 de julio de 2020. Parque de la Ciudadela de Pamplona. Josep Colom, piano. Ludwig van Beethoven: Seis bagatelas para piano, Op. 126: Número 5 en Sol mayor y número 4 en Si menor, (1825). Sonata para piano número 30 en Mi mayor, Op. 109, (1822). Seis bagatelas para piano, Op. 126: Número 1 en Sol mayor y número 3 en Mi bemol mayor, (1825). Sonata para piano número 31 en La bemol mayor, Op. 110, (1821). Seis bagatelas para piano, Op. 126: Número 2 en Sol menor y número 6 en Mi bemol mayor, (1825). Sonata para piano número 32 en Do menor, Op. 111, (1822). Concierto inscrito en el Festival Pamplona ReClassics 2020.

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Con el tercer día del Festival Pamplona ReClassics, llegábamos a una jornada consagrada enteramente a Ludwig van Beethoven, una alusión especialmente habitual en los eventos musicales que se celebran durante este 2020. La jornada tenía como primer foco de interés en los ciclos principales la conferencia de Martín Llade, en la que el presentador de Radio Clásica desgranó algunos de los momentos más destacados de la trayectoria del compositor, en un discurso trufado de anécdotas y presentando al autor sin olvidar las aparentes contradicciones entre su pensamiento y su forma de actuar.

La mayor expectación se centraba en lo que seguramente constituía la cima artística de todo este festival Pamplona ReClassics, concretamente el recital en el que Josep Colom ofreció las tres últimas sonatas para piano de Beethoven. Hablamos de uno de los grandes hitos musicales de todos los tiempos y que configuraban aquí un recital de gran exigencia, tanto para el intérprete (los pianistas que pueden afrontar este tríptico en una sola sesión son muy, muy escasos), y para el público (son obras muy intensas). El resultado, desde luego, superó todas las expectativas.

Josep Colom es, en el ámbito español, un “pianista de pianistas”. El intérprete catalán, primer español en ganar el Concurso Internacional de Piano de Santander, (ya lo había ganado años antes cuando era sólo un certamen nacional), nunca ha sonado mucho entre el gran público y la presentación de sus grabaciones no llega a la prensa generalista, pero siempre ha sido un intérprete muy respetado entre los pianistas en cualquier repertorio.

En el concierto que nos ocupa, Colom ofreció tres interpretaciones de una pieza, muy bien medidas y donde se observó con especial claridad la vertiente más lírica de estas obras. Por esa razón, quizá quedaron algo diluidos los movimientos centrales de las sonatas números 30 y 31, accidentes de dedos al margen. Pero los movimientos lentos fueron absolutamente magistrales. Al contrario que otros pianistas, entre ellos Daniel Barenboim con magnífico efecto, Colom prefirió tomar los movimientos lentos a tempi muy fluidos, casi como sin darse importancia, sin destacar especialmente alguna de las licencias rítmicas de Beethoven en esta época, (variaciones centrales del final de la Sonata número 32), pero manteniendo siempre una concentración de discurso y un sonido de gran delicadeza incluso en los fortissimi. Así, quedó la impresión de un Beethoven transcendido, ya ajeno a las circunstancias temporales de este mundo.

Fue una gran idea introducir dos Bagatelas Op. 126 del propio Beethoven antes de cada sonata. Colom acercó cada una de estas miniaturas al mundo sonoro de las piezas para piano finales de Brahms, unas obras que asimismo el pianista siempre ha interpretado magistralmente. Además, gracias a los sutilísimos enlaces que Colom introdujo entre las piezas, el discurso quedó especialmente ordenado y claro para el público.

Fue el propio Josep Colom quien, antes de cada sonata, explicó la estructura general y principales características de las obras con mucho sentido didáctico, y la emoción afloró especialmente al final, cuando el pianista señalaba que este concierto era su vuelta a los escenarios tras el confinamiento y destacaba el valor de la música en vivo. Lo último que se escuchó fue la Bagatela Op. 126 número 5, la misma obra con que Colom había empezado el recital, pero que ahora adquiría un tono completamente nuevo. Era el efecto transformador de las grandes experiencias musicales.

Autor entrada: xabier armendariz

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