John Cage Colectivo E7.2 Teatro Gayarre 18/11/2014

La experiencia Cage

 

Martes, 18 de Noviembre de 2014. Teatro Gayarre de Pamplona. Pablo Ramos, voz y presentación. Pilar Fontalba, voz y oboe. Jorge Fernández Guerra, presentación. Mario Prisuelos, piano preparado. Leandro Suárez, instalación y vídeo en directo. Juan José Eslava, electrónica. John Cage: Concerto grosso para cuatro televisiones y doce radios, (1979). 1982, (para cinco radios y cinta). 4:33, (para cualquier instrumento o combinación de instrumentos), (1952). Sonatas e interludios para piano preparado: Selección, (1946-1948). Ryoanji, (para percusión y tres voces instrumentales), (1983). Music for Works of calder, (para piano preparado y cinta magnetofónica), (1950). Suite para piano de juguete o piano, (1948). Concierto organizado por el Colectivo E7.2.

 

La figura de John Cage es una de las más fascinantes de entre los compositores del siglo XX. Dejando al margen una tomadura de pelo (o golpe de genio) tan monumental como la famosa 4:33, obra en la que el o los intérpretes deben pasar cuatro minutos y treinta y tres segundos sin hacer sonar una sola nota, (la “obra” consiste en todos los demás sonidos que se puedan oír durante ese tiempo), John Cage ha aportado experiencias que exploran el fenómeno sonoro en toda su magnitud. Desde las Sonatas e interludios para piano preparado, obras que se tocan en un piano normal en el que se han introducido diversas piezas de goma o metal para cambiar el sonido, o instalaciones como el Concerto grosso, escrito para la improbable combinación de cuatro televisiones y doce radios, la música de John Cage constituye un reto, una experiencia que toda persona interesada en la Música debería conocer antes de formular opiniones apresuradas.

En el concierto que nos ocupa, el Colectivo E7.2 proponía una exploración en profundidad por la obra del compositor estadounidense con espíritu renovador e informal. El evento empezaba en el vestíbulo del Teatro Gayarre, en donde después de una breve explicación sobre los Encuentros de Pamplona de 1972 que dieron origen al ciclo del que este concierto formaba parte, se escuchó el citado Concerto grosso. Sucesivamente, el público seguía el recorrido hacia el escenario del teatro, y posteriormente al patio de butacas y a la Sala de Conferencias, para terminar con una sorpresa final en la propia salida del teatro.

Pero si esta disposición de escenarios no es habitual, tampoco lo fue la presentación de las obras. Algunas de ellas fueron “tuneadas” y retocadas para la ocasión, añadiendo música electrónica no prevista en el original y sonidos que enriquecieron la música pregrabada. Una respuesta a la obra de Cage, realizada desde el día de hoy, y por intérpretes realmente comprometidos con la causa que ofrecieron actuaciones muy meritorias. A destacar la labor comunicativa y didáctica de los presentadores Pablo Ramos y Jorge Fernández Guerra, (este último asimismo compositor), y la magnífica interpretación de las Sonatas e interludios para piano preparado a cargo de Mario Prisuelos, sencillamente sensacional. Posiblemente sea ésta la obra más adecuada para quienes quieran acercarse al particular universo de Cage por primera vez, por el carácter semioriental y la variedad de colores sonoros que se consiguen de un instrumento tan familiar como el piano.

El público no era numeroso, pero sí bastante plural. Hubo algunas reacciones de sorpresa, también en 4:33, a pesar de que Fernández Guerra ya había explicado la obra antes de comenzar. Gracias a este acercamiento más pedagógico y a una selección de obras muy ilustrativa, estos aficionados pudieron acercarse de manera adecuada al universo de una figura fundamental en la música del siglo XX.

En conjunto, lo mejor que se puede decir del concierto es que, en el supuesto caso de que John Cage hubiera podido presenciarlo, habría quedado muy satisfecho por el formato y las interpretaciones. No creemos que hubiese disfrutado tanto de la reacción del público; Fernández Guerra decía que Cage no pretendía ser provocador, pero era bastante ingenuo creer que sus propuestas pasarían desapercibidas. A día de hoy, las obras de Cage nos gustarán más o menos, pero nos siguen interpelando. Y eso es lo que cuenta.

 

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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