Javier Perianes Manuel Hernández Silva 25/05/2012

Un Mozart al estilo Barenboim

 

Viernes, 25 de Mayo de 2012. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Javier Perianes, piano. Orquesta Sinfónica de Navarra. Manuel Hernández Silva, director. Wolfgang Amadeus Mozart: Concierto para piano y orquesta número 21 en Do mayor, KV 467, (1785). Jean Sibelius: Sinfonía número 2 en Re mayor, Op. 43, (1902). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Navarra 2011-2012.

 

Hay intérpretes que, por haber marcado una época en su instrumento, se convierten en una poderosa influencia de la que es imposible escapar. A algunos barítonos alemanes importantes, como Andreas Schmidt, se les acusó de copiar la manera de cantar del recientemente desaparecido Dietrich Fischer-Dieskau; entre los directores húngaros, como Solti o Fricsay, la sombra del ultrapreciso y enérgico Fritz Reiner es evidente. Entre los pianistas, Daniel Barenboim también ha hecho escuela.

Javier Perianes ha sido considerado como la promesa española del piano más sobresaliente. La influencia de Barenboim en su pianismo ha sido siempre muy clara, y el concierto que nos ocupa no fue excepción. Su Mozart es incisivo y de ataques precisos, más tendente a la línea beethoveniana  que  al estilo galante que tradicionalmente se asocia al austríaco. Cuando quiere, Perianes puede resultar especialmente lírico, como en el tiempo lento del concierto. Pero está claro que entiende que Mozart es, por definición, drama y contraste, algo en  lo que creo  que tiene razón.

Con todo, hubo detalles puntuales que resultaron desconcertantes. En los dos movimientos rápidos escuchamos  algunos acentos sobredimensionados, que  quitaban a las melodías su verdadero sentido y dirección. Pero en conjunto, Perianes realizó su mejor actuación de los últimos años en Pamplona, acompañado por un Hernández Silva muy solvente, que se plegó a las disposiciones del pianista, secundándole en todo momento. El Nocturno Op. Póstumo número 2, que Perianes añadió como propina, resultó muy poético por su magnífico sonido, y muy idiomático en el liberal tratamiento del tempo.

La Segunda Sinfonía de Sibelius muestra al compositor finlandés en su faceta más nacionalista y pastoral. Al contrario que sinfonías como la Cuarta o la Séptima, esta Segunda permite una versión más optimista y animada, a condición de que no se deje de lado la severidad del tiempo lento y algún pasaje puntual de los movimientos extremos y, por otra parte, que haya drama y no se pierda la tensión. Por lo demás, la memorable intervención del corno inglés en el trío del Scherzo y el himno del Finale requieren aliento lírico y épico, respectivamente.

Manuel Hernández Silva tuvo en cuenta todos estos detalles. Los movimientos extremos resultaron ágiles, e incluso el arranque del primer movimiento pareció precipitado. Pero gracias a una orquesta especialmente comprometida, pronto fuimos sumergidos en la agreste orquestación con la profundidad deseada. Hubo efectos sorprendentes, como el contrabajo al estilo jazz en la introducción del tiempo lento, y en general el clima finlandés fue muy logrado. Las maderas ofrecieron el color pastoral requerido, y el metal resultó rotundo y punzante, como debe ser. Un punto más de grandeza en la última exposición del himno del Finale y habría sido una versión perfecta. Los aplausos del público así lo reconocieron.

En conjunto, además del buen Mozart barenboimiano de Perianes escuchamos una gran interpretación de una sinfonía supuestamente conservadora, pero que refleja mundos sonoros de gran crudeza muy influyentes en algunos compositores de hoy. Una orquesta comprometida y un buen director hicieron el resto.

 

 

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *