Issay Saher Marco Guidarini Beethoven 22/11/2012

Convencional

 

Viernes, 23 de Noviembre de 2012. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Ishay Shaer, piano. Orquesta Sinfónica de Navarra. Marco Guidarini, director. Richard Wagner: Idilio de Sigfrido, WWV 103, (versión revisada para orquesta de cámara realizada por Richard Wagner), (1870). Ludwig van Beethoven: Concierto para piano y orquesta número 3 en Do menor, Op. 37, (1802). Ludwig van Beethoven: Sinfonía número 6 en Fa mayor, Op. 68, (Pastoral), (1808). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Navarra 2012-2013.

 

En tiempos recientes, la interpretación musical ha cambiado de manera considerable. Hasta hace no demasiados años, la mejor manera de comprobar la valía de un director era situarle ante obras de estructura compleja. Se suponía que un director capaz de hacer convincentes interpretaciones de las sinfonías de Mahler o de los dramas wagnerianos, por fuerza sabría qué hacer con una  sinfonía de Beethoven, aparentemente más sencilla.  Sin embargo, ahora la tendencia se ha invertido: es más fácil encontrar directores capaces de dominar las grandes masas orquestales, que intérpretes que emocionen en las sinfonías de Beethoven. A este respecto, Marco Guidarini no mostró  un nivel regular.

El Idilio de Sigfrido wagneriano que abría el programa prometía cosas interesantes. Fue tomado a un tiempo muy lento, que permitió al director recrearse en las bellísimas sonoridades de esta música, alejada en parte de las densidades de los grandes dramas musicales del compositor. Hubo pasión en los momentos oportunos, y las disonancias fueron correctamente destacadas donde era necesario. Quizá otra orquesta de mayor tradición wagneriana podía haber logrado un sonido más cálido todavía, pero en conjunto la interpretación resultó convincente.

El Tercer Concierto para piano de Beethoven es quizá el más difícil de plantear de la serie, porque está a medio camino entre la elegancia clásica mozartiana y el dramatismo característico del Beethoven posterior. Marco Guidarini y el solista Ishay Shaer no plantearon nada nuevo, tomando la obra a tiempos cómodos “a la antigua”,  pero sin cargar las tintas en el pathos dramático de la obra ni mostrar gran aliento lírico. Shaer tocó con sonido realmente beethoveniano y supo dialogar con la orquesta, pero en conjunto le faltó imaginación. El tercer movimiento puede y debe sonar más humorístico. El éxito del pianista fue moderado y llegó a tocar una propina, que el público agradeció a su vez sin mucho entusiasmo.

La Sexta sinfonía de Beethoven resultó algo más interesante, dentro de una línea convencional, yendo de menos a más. Los dos primeros movimientos no terminaron de despegar. Al primero, que fue tomado a un tempo adecuado en principio, le faltó algo de poesía. El arroyo del segundo fluía convenientemente, pero sonó con un distanciamiento más propio de un moderno habitante de la gran ciudad que de un ardiente amante de la naturaleza como Beethoven. Los solistas de clarinete, flauta y oboe realizaron una muy buena actuación en la coda. Fue en la reunión de campesinos cuando Guidarini empezó a despertar, y lo hizo con un Scherzo rústico y adecuadamente popular. La tormenta subsiguiente, muy bien medida, destacó por un magnífico control de los efectos orquestales descriptivos, y el Finale funcionó bien, dentro de una concepción asimismo sencilla y rústica, sin arranques poéticos. El cambio a un tempo más lento para el himno de los pastores de la coda resultó adecuado.

En conjunto, fue un concierto convencional, con un buen Idilio de Sigfrido e interpretaciones beethovenianas no muy imaginativas, en las que faltó el abandono expresivo deseable. Y es que Beethoven es un compositor más difícil de interpretar que lo que nos habían contado…

 

 

 

  

Autor entrada: Xabier Armendariz

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