«ILUSIÓN» DE LA JOVEN ORQUESTA DE PAMPLONA EN BALUARTE-CÁMARA

Música Xabier Armendáriz

“Ilusión”

En nuestros días, la noción de lo que es un músico clásico ha cambiado. Hasta hace no demasiado tiempo, se entendía que un intérprete clásico debía ser una persona capaz de defenderse como intérprete tocando un instrumento y ofreciendo un repertorio, el que fuera, al máximo nivel del que cada cual fuese capaz. Por supuesto, a la hora de la verdad, no siempre los mejores intérpretes son los que más han progresado, porque la capacidad de reunir contactos y de “moverse” siempre ha sido un factor decisivo en el sector. Pero hasta hace poco tiempo, lo único que se pedía en materia interpretativa a un músico clásico era que dominara su instrumento.

Los tiempos, sin embargo, han cambiado. La escena musical es global y, en un mundo donde dominar las redes sociales es decisivo, contar con una buena estrategia de comunicación es esencial. Por otra parte, en determinadas situaciones, ya no es suficiente para un intérprete clásico dominar su propio instrumento. En los últimos años, se ha vuelto cada vez más habitual que los propios intérpretes presenten o expliquen las obras del programa que interpretan en el propio concierto, más allá de las notas que el programa de mano pueda tener, lo que implica que los músicos clásicos deben aprender a hablar en público. En ocasiones, se buscan formatos de concierto más plurales, donde los propios intérpretes tienen que actuar, muchas veces mientras a la vez están tocando; todo ello también necesita una formación específica. Incluso en ocasiones puede ser interesante que los músicos clásicos sepan qué hacer cuando se experimenta con otros géneros y estilos, así que una formación en esa materia también se ha vuelto muy conveniente.

Lo único que no ha cambiado de todos estos aspectos en años recientes es la necesidad de experiencia. Para buena parte de los intérpretes clásicos, una aspiración puede ser convertirse en músicos de orquesta, una dedicación para la que reciben cierta formación en sus años de conservatorio pero en la que, en la práctica, todo suma. Por eso, es especialmente bienvenido un proyecto como la Joven Orquesta de Pamplona, una formación autogestionada en la que son los propios músicos los que toman las principales decisiones. Desde hace casi diez años y contando con medios relativamente escasos, se ha convertido en una herramienta básica para que muchos jóvenes estudiantes puedan adquirir más experiencia como músicos de orquesta y, en su caso, introducirse en tareas organizativas y adentrarse en otros géneros.

Así lo pudimos comprobar en el proyecto que comentamos, presentado en la pausa navideña por la Joven Orquesta de Pamplona. En la sesión que nos ocupa, la Joven Orquesta de Pamplona ofrecía la Alborada del gracioso de Maurice Ravel, una obra de máxima exigencia orquestal. Mirari Etxeberría ofreció una interpretación prudente en los tempi pero muy cuidadosa con cada detalle de la orquestación; cada solista de la agrupación tuvo su oportunidad de lucimiento, sobre todo el fagot en su destacada intervención de la sección central. Pero seguramente el punto focal de la actuación era la interpretación de la Rhapsody in blue de Georges Gershwin, escuchada en la habitual reelaboración de Ferde Groffé. Fue una interpretación muy bien construida, ya desde el solo de clarinete y su célebre glissando. Jonathan Milla ofreció una visión muy liberal de la obra, altamente improvisatoria, no siempre limpia en el manejo del pedal pero muy idiomática, quizá más cercana al mundo del jazz que a la herencia clásica.

Ya en la segunda parte, la Joven Orquesta de Pamplona presentó una nueva agrupación: su Big Band. Hablamos de una agrupación formada básicamente por instrumentistas de viento y percusión, aunque en este caso con abundantes refuerzos que formaban una sección de cuerdas bastante amplia. Escuchamos un programa breve pero muy variado considerando el origen de los temas, desde estándares clásicos del repertorio jazzístico a melodías provenientes de músicas de videojuegos, pasando por una canción de cuna armenia. Se escucharon cuatro arreglos bien trabajados y que ofrecieron buenas oportunidades de lucimiento para todos los participantes, pero seguramente la impresión más espectacular llegó con la entrada y la salida del conjunto de la sala, en ambos casos tocando mientras recorrían los escalones de la Sala de Cámara de Baluarte.

En conjunto, fue un concierto donde pudo escucharse a un conjunto de músicos jóvenes ofreciendo sus mayores esfuerzos y demostrando en abundancia la ilusión por hacer música.

Autor entrada: xabier armendariz

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