Homenaje Joaquín Larregla Fermín Bernetxea 20/08/2015

Redescubriendo a Larregla

 

Jueves, 20 de Agosto de 2015. Cine de Lumbier. Fermín Bernetxea, piano. Emiliana de Zubeldía: Imágenes de una tarde vasca. José Gonzalo Zulaika y Aguirre (Padre Donostia): Preludios vascos para piano: Selección, (1918). Joaquín Larregla: Preludio en La. Alma gitana. Canción andaluza, (1914). Zapateado, (1914). La embrujada del caserío, (1918). ¡Viva Navarra!, (Jota de concierto), (1895). Manuel de Falla: Cuatro piezas españolas para piano: Andaluza. La vida breve: Danza española, (1913). Fantasía bética, (1919). Concierto inscrito en el ciclo conmemorativo de los 150 años del nacimiento de Joaquín Larregla.

 

El nombre de Joaquín Larregla no es muy conocido entre nosotros. Su obra más popular es ¡Viva Navarra!, una jota de concierto escrita originalmente para piano pero transcrita para todo tipo de combinaciones de instrumentos; la versión para banda de concierto aún se interpreta con frecuencia. El resto de su producción apenas suele programarse.

A comienzos del siglo XX, Joaquín Larregla alcanzó una fama mucho mayor. Este compositor nacido en Lumbier fue, en vida, uno de los pianistas más aclamados de su época en España, y sus obras estaban consideradas al mismo nivel que las de Granados, Turina, Albéniz o incluso Falla. Como en tantas otras ocasiones, la celebración de una efeméride como el sesquicentenario del nacimiento de Joaquín Larregla era un buen momento para rescatar esta producción pianística tan apreciada en su tiempo, y este homenaje celebrado primero en el Ateneo de Madrid y luego en Lumbier en honor de Joaquín Larregla es el resultado.

En el concierto que nos ocupa, precedido por una presentación muy completa de María Nagore, se agrupaban algunas de las principales obras pianísticas del músico  con las de sus contemporáneos navarros más ilustres. Por una parte, Emiliana de Zubeldía estaba presente con sus Imágenes de una tarde vasca, un conjunto de brevísimas piezas compuestas durante su estancia en París de carácter impresionista. El Padre Donostia estaba representado por una selección de sus Preludios vascos, basados en canciones y danzas populares a las que el sacerdote donostiarra aportó la armonía y texturas propias de Debussy y Ravel. Por último, Falla estaba presente con algunas de sus partituras más espectaculares, terminándose el concierto con la Fantasía bética, una obra extraordinariamente difícil de interpretar.

Entre todas estas obras, ¿qué ofrece la producción pianística de Larregla? Podríamos resumirlo muy brevemente diciendo que el compositor navarro sería una suerte de Liszt a la española. Son obras muy espectaculares, a veces con un importante componente descriptivo, (sobre todo en La embrujada del caserío, que tanto nos recuerda alVals Mefisto del compositor húngaro), y que funcionarían muy bien como propinas para cualquier recital de piano solo. Eso sí, para enfrentarse a obras de esta magnitud es necesario una técnica muy completa, prácticamente a prueba de bomba.

Fermín Bernetxea, en efecto, es un pianista perfectamente capaz para hacer frente a este repertorio. Aunque en  la obra inicial de Emiliana de Zubeldía nos pareció quizá algo  distante, (el resultado sonoro parecía más propio de una pieza de Anton Webern), el pianista supo entrar en acción en el resto del programa, particularmente en las obras de Larregla, que defendió con particular pasión. El momento álgido del concierto fue con la jota ¡Viva Navarra!, en donde pudo apreciarse la magnitud del esfuerzo que Bernetxea necesitó para hacerla sonar y que fue saludada con fortísimos aplausos. Por último, la Fantasía bética resultó tan espectacular que el vals de Chopin que se ofreció como propina pareció algo ajeno al momento. El público habría disfrutado con la repetición de la jota de Larregla, pero el esfuerzo habría sido excesivo para cualquier pianista.

En conjunto, fue un concierto cuyo principal interés era la recuperación de la obra pianística de Joaquín Larregla, un compositor de piezas virtuosísticas y espectaculares muy del gusto de los aficionados. El éxito al final de este recital, de gran exigencia para su intérprete, fue concluyente.

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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