«HOLST EN TECNICOLOR» CON LA SINFÓNICA DE NAVARRA Y CORAL CÁMARA NAVARRA

CLÁSICA Xabier Armendáriz

«Holst en technicolor»

Jueves, 22 de mayo de 2025. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Coro Femenino de la Agrupación Coral de Cámara de Pamplona. David Gálvez, director del coro. Orquesta Sinfónica de Navarra. Perry So, director. Richard Strauss: Muerte y transfiguración, Op. 24 (1889). Gustav Holst: Los planetas, Op. 32 (1917). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Navarra 2024-2025.

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Puede que el primer movimiento de Los planetas de Gustav Holst sea la obra musical más influyente del siglo XX. La obra en su conjunto retrata los siete planetas conocidos entonces del Sistema Solar, exceptuando la Tierra, siempre teniendo en cuenta las caracterizaciones que la mitología y la astrología han otorgado a cada una de ellas.

La primera secuencia retrata el carácter atribuido a Marte, como arquetipo de la guerra. Ya desde el comienzo las cuerdas establecen un ritmo irregular, tocando col legno, (es decir, golpeando con la madera del arco). Ese ritmo se repite una y otra vez sin detenerse, en un compás de cinco tiempos que crea una tensión constante en toda la sección.

A falta de una verdadera melodía, el movimiento avanza como una suerte de marea sonora, de manera similar a una serpiente que se cierne sobre los oyentes. Es un episodio de un poder dramático extraordinario, que utiliza al máximo los recursos de una orquesta particularmente amplia y variada y sin duda fue un referente importante para todos los que, a partir de los años 1930, compusieron para el cine músicas para secuencias de batalla.

El propio Holst recomendaba tocar este movimiento a toda velocidad, para mostrar así el horror deshumanizador de la guerra y, de hecho, en su grabación de la obra, de 1926, demostró la validez de su idea.

En la sesión que nos ocupa, Los planetas de Gustav Holst llenó la segunda parte en su totalidad. Al contrario de lo que Holst indicaba, Perry So tomó un tempo relativamente cómodo, pero supo mostrar desde el principio la suntuosidad y el extraordinario poder de la orquestación.

El director hongkonés supo construir el clímax del movimiento con paciencia y dedicación, obteniendo una de sus mejores prestaciones desde que es titular de la Orquesta Sinfónica de Navarra. Por lo demás, Perry So extremó los contrastes entre los diferentes movimientos.

Así, Venus fue particularmente lánguido en el tempo y So cuidó más de lo habitual en él la sonoridad de tipo straussiano que pide la música. Mercurio y Júpiter sonaron ligeros y festivos, con el himno central de este último movimiento especialmente grandioso. Saturno no resultó tan solemne como en otras interpretaciones, pero Urano sí fue realmente espectacular, con un Scherzo de poderosa fuerza rítmica.

Por último, la música “lunar” de Neptuno fue más bien fluida, sin detenerse en profundizar en el misterio de ese final, pero la actuación invisible del Coro Femenino de la Coral de Cámara de Pamplona sí resultó ideal por empaste, afinación y convicción.

El conjunto fue una interpretación en technicolor, más o menos cercana a lo que hacía Karajan con la obra en discos, aunque él dedicaba más atención a las texturas en los movimientos lentos. Fueron especialmente interesantes e iluminadoras las breves explicaciones que se ofrecieron sobre cada planeta, relacionando de manera muy curiosa las características propiamente científicas de cada uno con su reflejo musical.

En la primera parte, se había escuchado una versión bien ordenada de Muerte y transfiguración de Richard Strauss. Perry So demostró tener claros los momentos más significativos e importantes de la obra y supo dirigir la interpretación para destacarlos de manera adecuada, pero pasó por encima de muchos importantes detalles de la orquestación straussiana.

En concreto, buena parte del comienzo de la obra no consiguió esa sensación a la vez desesperada y sensual que la sección exige. Cualquiera de las grabaciones de Richard Strauss —quizá la mejor es su versión con la Filarmónica de Viena, al ser la más tardía y de mejor sonido—, o también las de su seguidor Karl Böhm, sirve para comprobar lo que debe esperarse en ese fragmento.

En conjunto, fue un concierto de gran interés, sobre todo por una interpretación muy completa de Los planetas de Gustav Holst.

Autor entrada: xabier armendariz

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