Haydn Mozart Beethoven Antoni Wit 14/02/2014

Wit o el rigor clásico

 

Viernes, 14 de Febrero de 2014. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Orquesta Sinfónica de Navarra. Antoni Wit, director. Franz Joseph Haydn: Sinfonía número 94 en Sol mayor, Hob. I número 94, (La sorpresa), (1792). Wolfgang Amadeus Mozart: Sinfonía número 34 en Do mayor, KV 338, (1780). Ludwig van Beethoven: Sinfonía número 5 en Do menor, Op. 67, (1808). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Navarra 2013-2014.

 

La música del siglo XVIII ya no es lo que era. Cada vez con más frecuencia, muchos intérpretes historicistas afrontan este repertorio, intentando aportar ideas supuestamente nuevas a unas obras que se han cultivado mucho y bien en todo tiempo y lugar. Martin Haselböck, por citar un preclaro ejemplo de entre los directores que han pasado recientemente por Pamplona, realizó interpretaciones vitalistas, dramáticas, en donde muchas veces el equilibrio clásico se perdía en beneficio del drama, logrando resultados sorprendentes o relativamente decepcionantes según los casos. Antoni Wit, sin embargo, no pertenece a esta categoría; proviene de una tradición centroeuropea más sólida y tiene muy claros los conceptos de lo que quiere hacer con estas obras. Son los enfoques tradicionales que están implícitos en los libros de texto de Música de toda la vida, que nos hablan del rigor clásico, del equilibrio en la construcción formal y de los contrastes entre temas decididos y líricos. Aplicar esto a las interpretaciones de las obras del Clasicismo llevó a Wit a resultados de gran interés, que al menos nos hicieron reflexionar.

Para comenzar el concierto, Wit volvió a mostrar su particular visión de las obras de Haydn, ofreciendo una Sinfonía número 94 de fuerza beethoveniana y sonido musculoso en la orquesta. Después de un primer movimiento en donde en algún momento pudo perderse el pulso, empezó a remontar la interpretación en un Andante expuesto con un tempo más rápido del habitual, (bien podía recordar a una Gavota), en el que se distinguían con precisión los acentos pedidos por la partitura, entre ellos la famosa “sorpresa”. El Minueto fue de manual, lleno de elegancia y con adecuado estilo danzable. El Finale, tomado a tiempo prudente pero adecuado, tuvo energía y brillantez.

La Sinfonía número 34 de Mozart ha pasado durante mucho tiempo por ser una obra menor, por su división en tres movimientos en lugar de los cuatro habituales y por el aire de marcha de serenata que tiene el primer movimiento. Pero Antoni Wit demostró que esta obra tiene mucho más contenido de lo que parece, al tomar ese movimiento con tempo lento, solemne, y marcando muy bien los contrastes entre las secciones más decididas y los pasajes más líricos. El Andante, típicamente rococó por sus ornamentos, tuvo la elegancia que se requiere, y la interpretación se cerró con un magnífico tercer movimiento, muy enérgico y bien impulsado hasta la conclusión. Los aplausos del público fueron concluyentes y premiaron con justicia la mejor interpretación de la velada.

La interpretación de la Quinta Sinfonía de Beethoven de la segunda parte fue más discutible. El primer movimiento resultó algo carente de empuje, sensación aumentada por el tempo de por sí lento tomado por Wit. A cambio, las secciones líricas del movimiento, a menudo dejadas de lado, tuvieron un protagonismo mayor del acostumbrado. Nuevamente la interpretación fue a más, con un segundo movimiento muy bien fraseado, en el que se acentuaron adecuadamente los contrastes entre pasajes líricos y heroicos. El Scherzo, tomado sin prisas, tuvo energía y aire rústico en el Trío, y una transición muy bien calculada llevó a un cuarto movimiento tomado con gran solemnidad y tal vez excesivo rigor. Siendo ésta una interpretación de buen nivel, el director polaco nos había convencido más en otras sinfonías del genio de Bonn. En todo caso, hay que decir que la Quinta es una obra especialmente querida por el público, y el concierto se cerró con una fuerte ovación.

Al terminar el concierto, quedó claro que Antoni Wit conoce y domina los secretos del estilo clásico mejor que cualquier director que haya interpretado esta música en Pamplona en los últimos años, pero el director polaco no pudo evitar en la obra beethoveniana la rigidez que conlleva un rigor excesivo. Y es que la música de este período no es nada fácil de interpretar.

 

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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