Grisey El niño negro de la estrella Neopercusión 13/10/2015

Música de las esferas

 

Martes, 13 de Octubre de 2015. Teatro Gayarre de Pamplona. Ensemble Neopercusión. Juanjo Guillén, dirección musical. Rafa Gálvez, dirección artística. Pablo Ramos, escenografía. Clara Eslava y Miguel Tejada, diseño de imágenes. Leandro Suárez, electrónica. Gérard Grisey: El negro de la estrella, (1990). Concierto inscrito en el ciclo After Cage II organizado por el Colectivo E7.2.

 

Los filósofos griegos, poco dados a analizar la práctica musical de su época, sí reflexionaron en profundidad sobre los detalles más abstractos del hecho musical. Una de sus ideas fuerza era que, puesto que los astros se mueven, deben de producir algún sonido. Los pitagóricos y Platón creían que dicho sonido es mucho más agradable y armonioso que la música de los humanos, que sólo es un pálido reflejo de esta “música de las esferas” producida por los astros.

Hace menos de cincuenta años, un descubrimiento científico pareció dar cierta validez a dicha teoría. En el curso de una investigación sobre los astros más lejanos a nuestro planeta, se descubrió que algunos cuerpos celestes producen un ritmo extraordinariamente regular e ininterrumpido. Se trata de supernovas producto de la explosión de las estrellas que, mientras siguen liberando energía, producen esa vibración que, a través de radiotelescopios extraordinariamente potentes, los humanos podemos llegar a percibir.

En el concierto que nos ocupa, se presentaba en Pamplona El negro de la estrella, una obra de Gérard Grisey en la que el compositor francés reflexiona acerca de estos fenómenos. La obra se inicia con una serie de golpes sordos que siguen dos ritmos regulares, copiando la secuencia y las duraciones de dos de estos púlsares, por usar su denominación científica. La obra sigue desarrollándose de maneras diversas, con polirritmias y polimetrías de una complejidad asombrosa. Los intérpretes, situados en esta ocasión a lo largo de las plateas del primer piso del Teatro Gayarre, rodean literalmente a un público que toma parte desde el principio en la obra, llena de momentos de extraordinaria tensión causados por el habilísimo uso de los silencios. La variedad de instrumentos y de timbres es apabullante, sin contar con ningún instrumento melódico. Ésta es una de las obras más importantes que se han escrito desde la segunda mitad del siglo XX.

Para poner en pie esta panoplia rítmica y percusiva, es necesario contar con un conjunto de percusionistas expertos. El Ensemble Neopercusión era la elección más lógica y, a pesar de que aún no habían interpretado la obra, realizaron una versión extraordinaria. El problema de la coordinación, acentuado por tener que tocar separados entre sí, se resolvió con la naturalidad que sólo poseen aquéllos que se han enfrentado en muchas ocasiones a estos lenguajes, pero como luego explicaron en el turno de preguntas posterior a la interpretación, era producto de un estudio detalladísimo, tanto individualmente como en conjunto, del que los no iniciados apenas se pueden hacer una idea aproximada.

El concierto no se quedó en la interpretación de la obra. Bajo la experta moderación de Pablo Ramos, el director del Planetario de Pamplona Javier Armentia y el compositor Juan José Eslava situaron la obra en sus raíces astronómicas y musicales, y los miembros del Ensemble Neopercusión resolvieron las dudas del público. El público disfrutó del espectáculo. El Teatro Gayarre no ofrecía una gran entrada, pero el reconocimiento a los intérpretes fue cálido.

Fue una experiencia que será difícil repetir en Pamplona (es difícil reunir las condiciones necesarias para poner en pie una obra como ésta), y para quienes la hemos vivido seguramente permanecerá en nuestra memoria. Ha sido una vuelta al origen, a esa lejana música de las esferas, de la que sólo recientemente hemos tenido alguna pista.

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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