Gaztambide Gómez Bretón Falla Sara Salado Cristóbal Soler 31/01/2014

Soirée dans Grenade

 

Viernes, 31 de Enero de 2014. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Sara Salado, cantaora. Orquesta Sinfónica de Navarra. Cristóbal Soler, director. Joaquín Gaztambide: Una vieja: Obertura, (1860). Julio Gómez: Intermezzo, (1908). Suite en La, (1915). Tomás Bretón: En la Alhambra, (1881). Manuel de Falla: El amor brujo, (1915, versión revisada con gran orquesta de 1925). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Navarra 2013-2014.

 

Mientras escuchaba la segunda parte del concierto que nos ocupa, con dos obras tan íntimamente ligadas a la ciudad de Granada, no podía evitar recordar las noches calurosas en las que Radio clásica retransmite conciertos desde el Festival Internacional de Música y Danza que anualmente alberga la ciudad andaluza. Uno de los escenarios tradicionales del certamen es el Patio de los Arrayanes de la Alhambra, un espacio usado para recitales pianísticos en donde el repertorio impresionista y la música española de comienzos del XX adquieren un carácter especialmente evocador. Obras como Soirée dans Grenade, segundo movimiento de las Estampas de Debussy, u otras inspiradas en la ciudad, tienen por derecho propio allí su casa, porque  captan  plenamente el misterio de ese lugar.

Antes  de llegar a esa segunda parte, hubo ya mucho y muy bueno. Para empezar, una obertura de Joaquín Gaztambide, en este caso influida por la mano de Rossini, que sirvió de calentamiento a las obras de Julio Gómez. Este último compositor ha ocupado siempre un lugar menor en el repertorio, también en Pamplona. El Intermezzo es un ejercicio académico, bien escrito pero que abunda en exceso en los mismos materiales melódicos. La Suite en La sí es más reconocible, con influencias sobre todo francesas y una escritura ya propiamente española, heredera de la música de las zarzuelas de Tomás Bretón. Ya en la segunda parte, En la Alhambra de Tomás Bretón recuerda en mucho a la Fantasía morisca de Chapí, incluso por su comienzo.

Cristóbal Soler es un especialista en este repertorio, gracias a sus años de rodaje en el Teatro de la Zarzuela. Sabe que son obras que tienen que ser fraseadas de la manera justa, y en las que muchas veces la sensualidad y el detalle fino en la orquestación es lo más importante. Además es consciente  de que hace falta una dosis extra de  convicción para defender obras poco conocidas por el público. El éxito  fue la prueba de la buena labor de Soler al frente de la orquesta.

Naturalmente, lo que más esperaba el público era la segunda parte, y en particular la interpretación de El amor brujo de Falla. Sobre todo, la principal expectación era ver cómo resultaba la obra contando con una cantaora para realizar la parte solista. Sara Salado es, a este respecto, una elección idónea. Sin necesidad de forzar, Salado sabe proyectar su voz, y consiguió lo más importante: como buena cantaora, supo conciliar el rigor propio de la escritura de la parte con el estilo flamenco, atendiendo perfectamente a lo escrito sin excesiva afectación.

Por lo que respecta a la dirección de Cristóbal soler, fue una versión muy completa de la obra. No se olvidó en ningún momento la vertiente más racial de la partitura, pero también hubo espacio para el misterio en la Introducción o la Danza del fuego, y para las influencias stravinskianas. La Orquesta Sinfónica de Navarra realizó una labor excelente, destacando sobre todo las maderas.

En conjunto, fue una magnífica velada, que nos hizo suspirar por la llegada del verano, época en que podremos   olvidar estos fríos y  disfrutar de noches al aire libre más agradables…, tal vez, (¿por qué no?), en Granada.

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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