Clásica Xabier Armendáriz
“Fuego helado”
Viernes, 13 de febrero de 2026. Centro Cultural de Tafalla. Bomsori, violín. Orquesta Sinfónica de Navarra. Nuno Coelho, director. Jean Sibelius: Concierto para violín y orquesta en Re menor, Op. 47, (1905). Sinfonía número 1 en Mi menor, Op. 39, (1900). Concierto inscrito en la temporada de abono de Tafalla de la Orquesta Sinfónica de Navarra 2025-2026.
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El comienzo del Concierto para violín y orquesta de Jean Sibelius es uno de los arranques más turbadores del repertorio para el instrumento. Las cuerdas agudas inician un acompañamiento titubeante, que parece sostenerse sin una base armónica firme, mientras el violín presenta un primer tema de gran lirismo, pero en una escritura especialmente aguda que supone un reto para cualquier violinista. En general, hablamos de un concierto que ofrece una escritura particularmente compleja para el solista, obligado a un despliegue constante de técnica que incluye dobles cuerdas, registros extremos del instrumento, fragmentos de escritura arrebatada, etc. Fue Jascha Heifetz quien introdujo la pieza en el repertorio general para violín y orquesta, gracias sobre todo a su grabación con la Orquesta Filarmónica de Londres y Thomas Beecham; hablamos de un intérprete de origen ruso, generalmente más conocido por su depuración técnica que por su implicación expresiva pero que, en esta primera grabación de la obra, ofrece una visión altamente evocadora de este pasaje inicial ya citado, paradójicamente ardiente y heladora al mismo tiempo.
En el concierto que nos ocupa, se presentaba junto a la Orquesta Sinfónica de Navarra la violinista Bomsori, una de las principales intérpretes de la actualidad. Ya desde su primera intervención en el concierto de Sibelius, pudimos observar esa misma tensión entre técnica y control de las emociones que habitualmente esperamos en ese momento. Bomsori ofreció una de las interpretaciones más precisas de la obra que recordamos en vivo, pero a la vez se mostró expresiva en los momentos clave, como la tremenda cadencia que ocupa la sección central del primer movimiento. Posteriormente, en el movimiento lento ofreció la fluidez de fraseo que se necesita, en parte alimentado por el tempo relativamente ligero propuesto por Coelho. El final alcanzó una brillantez y una definición en su carácter folklorizante que pocas veces se percibe en concierto, con una Bomsori plenamente comprometida en todo momento. La Orquesta sinfónica de Navarra ofreció un acompañamiento muy transparente, con el protagonismo debido a las maderas graves y a los metales, especialmente rugientes. De propina, Bomsori ofreció la tercera de las Danzas vienesas antiguas de Fritz Kreisler, en una versión para violín solo en la que no logró captar el carácter salonesco y el estilo decadentista que el propio autor ofrece en su grabación más famosa.
Por su parte, Nuno Coelho cerró la sesión con la Sinfonía número 1 de Sibelius, cimentando su reputación en la música de este autor, pues se había presentado en Pamplona con otro concierto donde la obra principal fue la Suite Leminkäinen. En este caso, el director portugués ofreció una interpretación impulsiva y decidida, enfatizando el carácter de “primera madurez” de la composición más que sus influencias del pasado; eso sí, Coelho no se permitió las libertades en el tempo que sí podemos escuchar en la grabación de Robert Kajanus, el director que estrenó la obra. Quizá el momento menos conseguido fue el movimiento lento, que con el tempo relativamente fluido que eligió Coelho, tendió a perder gravedad; a cambio, el movimiento final se construyó con gran precisión, con silencios de gran densidad y una llegada al final con gran fuerza expresiva, hasta el punto de que el director portugués consiguió de manera natural que el público tardara en iniciar los aplausos.
En conjunto, fue un concierto con dos obras muy conocidas por los abonados de la Orquesta Sinfónica de Navarra, (ambas se han interpretado con regularidad en los últimos años), pero rejuvenecidas por visiones especialmente precisas y emocionantes, en busca de ese fuego helado tan característico de la música de Sibelius.

