Fernández Guerra Tres desechos en forma de ópera Museo Universidad 15/03/2016

Ecología

 

Martes, 15 de Marzo de 2016. Teatro del Museo de la Universidad de Navarra. Ruth González, soprano. Enrique Sánchez-Ramos, barítono. Mónica Campillo, clarinete. Miguel Rodrigáñez, contrabajo. Vanessa Montfort, dirección escénica. Florentino Díaz, escenografía. Jorge Fernández Guerra: Tres desechos en forma de ópera, (2012). Producción de la Compañía La Pera Ópera. Espectáculo inscrito en el ciclo Cartografías Sonoras de la Universidad de Navarra 2016.

 

Como es bien sabido, la ópera contemporánea padece un problema similar al del resto de la música clásica de creación actual. Aunque en los grandes teatros se estrenan óperas actuales de vez en cuando, muy pocas veces se representan más de una vez y no obtienen un eco mediático, a no ser que se dé alguna circunstancia extramusical excepcional.

Una de las maneras de romper esta deriva es presentar óperas de pequeño formato. Las óperas de cámara permiten mayor libertad de forma respecto a las convenciones del género y suelen requerir escenografías menos complejas y más baratas. Fue éste el camino escogido por Jorge Fernández Guerra para la ópera que nos ocupa, Tres desechos en forma de ópera. En su momento, este espectáculo adquirió cierta relevancia mediática por convertirse en una de las primeras iniciativas operísticas financiadas por el método del crowdfounding o la recaudación de dinero por medio de donaciones de pequeña cuantía.

El argumento del espectáculo es muy simple: dos cantantes y tres instrumentistas se sitúan en plena calle y representan su propia función, que viene a ser esta desfiguración de las convenciones de la ópera. El propio título de la obra tiene varias lecturas. En efecto, está construida a base de “desechos”. Los personajes reflexionan sobre la convivencia en pareja e intercalan adivinanzas bien conocidas de todos, sin que ninguno de estos argumentos prevalezca. La música recuerda al Stravinsky de La historia del soldado por su parca y rara instrumentación (clarinete, violín y contrabajo), por la riqueza rítmica y por un sentido del humor muy neoclásico. En el fondo, subyace la música de las Tres piezas en forma de pera de Satie, (que no son tres y por supuesto no tienen forma de pera), una obra con la que estos Tres desechos en forma de ópera guardan mucha relación. La noción de desecho tiene también otro sentido real, porque todos los elementos escénicos están realizados a base de material reciclado.

Al final del espectáculo, queda una sensación agridulce. El resultado sonoro tiene interés, como corresponde a un compositor experimentado como Fernández Guerra, y el pretexto dramático no deja de resultar novedoso. El problema es cómo mantener ese interés a lo largo de casi una hora de función, y es ahí donde a nuestro juicio el espectáculo no termina de cuajar. Aunque la obra está compuesta a base de brevísimos fragmentos que permiten que el público tome aliento, la sensación de repetición resulta inevitable conforme se acerca el final.

La interpretación musical fue en general muy lograda. Los cinco protagonistas del espectáculo actuaron a muy buen nivel. El conjunto acompañante prestó mucha atención a la gran riqueza de detalles tímbricos de la obra, y los cantantes se compenetraron perfectamente, a pesar de que Ruth González mostró una emisión algo menos canónica que la de su compañero.

En conjunto, esta “ópera ecológica” compuesta a base de desechos pasó con un éxito moderado por el Teatro de la Universidad de Navarra. Más allá de la sorpresa inicial causada por una estructura de ópera tan particular, quedó la sensación de que, como tantas veces, menos es más.

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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