«EN CONTEXTO» CON LA ORQUESTA SINFÓNICA NAVARRA EN BALUARTE

CLÁSICA Xabier Armendáriz

“En contexto”

Jueves, 30 de Noviembre de 2023. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Mahan Esfahani, clave. Orquesta Sinfónica de Navarra. Perry So, director. Igor Stravinsky: Juego de cartas, (1937). Johann Sebastian Bach: Concierto para clave y cuerdas en Re menor, BWV 1052, (1738). Robert Schumann: Sinfonía número 4 en Re menor, Op. 120, (versión revisada de 1851). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Navarra 2023-2024.

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La interpretación históricamente informada ha cambiado nuestra percepción de la música del pasado y especialmente la que se compuso antes de 1750. En nuestros días, por ejemplo, resulta inhabitual escuchar los conciertos para teclado de Bach con un instrumento solista que no sea el clave, que fue la herramienta con la que Bach trabajó de forma prioritaria durante toda su vida. De hecho, el Kantor de Leipzig llegó a conocer los primeros modelos de fortepianos, pero lógicamente no le resultaron satisfactorios. Sin embargo, el redescubrimiento de las obras de Bach en el siglo XIX se produjo en una época en la que el clave era un instrumento residual, (las salas de concierto eran demasiado grandes para acomodar su sonido reducido), y hasta bien entrada la década de los años 1970 la práctica habitual era que el solista de los conciertos para teclado de Bach fuera el piano moderno, adquiriendo así una prominencia importante, quizá más propia de los conciertos del siglo XIX. En realidad, la tradición de interpretar Bach al piano ha sido más extensa y rica que la práctica interpretativa de este autor en el clave.

El principal atractivo del concierto que nos ocupa era la presencia de Mahan Esfahani en el ciclo de la Orquesta Sinfónica de Navarra. El clavecinista, nacido en Irán pero establecido en el Reino Unido, es uno de los instrumentistas barrocos más conocidos de hoy, un fantasioso intérprete y, por cierto, también un interesante analista y crítico musical, buen conocedor de las tradiciones interpretativas más allá de la música antigua. Fue muy interesante escuchar su visión del Concierto BWV 1052 de Bach, que interpretó con imaginación sobre todo en un segundo movimiento tocado con gran sensibilidad y atención a los detalles. Pero el clave es un instrumento de volumen limitado y la Sala Principal de Baluarte un recinto demasiado grande para que pudiera escucharse con claridad. Perry So ofreció una dirección vibrante y entusiasta, pero congregó en escena un número de cuerdas algo excesivo y el resultado fue descompensado. La exquisita propina de Sfahani nos hizo soñar con un posible concierto suyo en la Sala de Cámara.

La sesión se había iniciado con Juego de cartas de Igor Stravinsky, uno de sus ballets de la época neoclásica y también a veces una de sus partituras más áridas. Pero no fue así en manos de Perry So, quien enfatizó los motivos de fanfarria con los que se inicia cada cuadro y acercó la obra a la música americana de la época, particularmente al universo sonoro de Aaron Copland. Más interesante aún resultó la Cuarta Sinfonía de Robert Schumann, en realidad la segunda que compuso el autor alemán pero también la que más cambios de orquestación conoció en su versión definitiva. Perry So ofreció una acabada realización del sonido orquestal de esta versión, (la escritura original habría requerido una visión muy diferente), buscando una sonoridad densa, oscura y poderosa. Fue una interpretación construida con tiralíneas, con atención a las proporciones entre los grandes bloques y quizá más atenta al drama inmediato que a la vertiente más intimista del compositor; es decir, en términos del propio Schumann, hubo más presencia del apasionado Florestán que del melancólico Eusebius, que debería haber aparecido más claramente en el Trío del Scherzo o la sección central del Andante. La interpretación despertó los aplausos entusiastas de un público que reconoció el saber hacer de un director con ideas musicales bien elaboradas.

En conjunto, fue un concierto interesante, pero que demostró hasta qué punto nuestras salas de conciertos no están pensadas para que pueda lucir en su esplendor un instrumento tan intimista y evocador como el clave.

Autor entrada: xabier armendariz

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