Clásica Xabier Armendáriz
“Emoción”
Domingo, 10 de agosto de 2025. Iglesia de San Pedro de Mendigorría. Alberto Urroz, piano. Obras de Mozart, Chopin, Debussy y César Franck. Concierto inscrito en el Festival Internacional de Música de Mendigorría 2025.
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El Preludio, coral y fuga de César Franck es una obra inhabitual en los recitales de piano solo. Hablamos de una obra de carácter eminentemente neoclásico, que vista superficialmente puede parecer un ejercicio de estilo, pero en donde el compositor belga establecido en París actualiza los géneros indicados en el título utilizando una armonía heredada de Wagner y Liszt. El resultado se presta a una exploración de las sonoridades organísticas del piano y a interpretaciones en un estilo sobrio y reflexivo, pero aparentemente no tanto a la demostración de virtuosismo técnico más palpable. Por eso, aunque la obra ha tenido defensores ilustres a lo largo del tiempo, como astros de la talla de Alfred Cortot, Arthur Rubinstein o Sviatoslav Richter, la composición no ha adquirido la popularidad entre los aficionados al piano que le corresponde por su calidad.
Alberto Urroz decidió cerrar con esta obra el Festival Internacional de Música de Mendigorría. Pronto se observó una aproximación alternativa, pues destacó los aspectos más plenamente románticos del Preludio, coral y fuga de César Franck. Lo comprobamos ya desde los compases iniciales del Preludio, donde ofreció un tempo muy flexible, destacando el carácter improvisatorio de la música y el dramatismo de los giros armónicos más atrevidos. No se perdió espiritualidad en el Coral que ocupa la sección central de la obra, pues además cuidó el sonido pianístico para conseguir la variedad organística que el pasaje exige. Pero de nuevo la Fuga sonó con presteza y gran claridad polifónica, hasta llegar a la cadencia que prepara la conclusión de la obra, que Urroz convirtió en demostración de virtuosismo técnico y libertad expresiva. La aceleración final culminó un Preludio, coral y fuga de Franck netamente pianístico, más marcado por la influencia de Liszt que por la de Bach.
La obra de César Franck cerraba una sesión amplia y muy exigente para Alberto Urroz, por su variedad estilística y el rango de las composiciones implicadas. El propio intérprete explicó al presentar el festival que este programa tenía un fuerte componente autobiográfico y de homenaje a su padre, recientemente fallecido, aunque por otra parte todas las obras que se incluían fueron compuestas por autores que vivieron durante períodos importantes de su vida en París.
También destacó en el programa la incorporación de la Elegía de Claude Debussy, obra de juventud del autor francés que Urroz interpretó con gran dedicación, destacando la manera tan intuitiva en que el compositor francés comenzaba a explorar mundos armónicos diversos. La selección chopiniana incluyó un amplio bloque de mazurcas y, sobre todo, una reflexiva versión de la Balada número 1, donde Urroz optó por la prudencia en las secciones más dramáticas de la composición. El concierto se había abierto con la Sonata KV 310 de Mozart, que el compositor de Salzburgo compuso durante su segunda estancia parisina y poco después de la muerte de su madre. Urroz ofreció una interpretación ordenada en lo formal pero no muy variada en lo expresivo. Hasta cierto punto, era lógico considerando la magnitud de lo que estaba por llegar.
Tras la obra de César Franck, le costó articular palabra. Al final ofreció dos propinas: un muy sentido Preludio Op. 28 número 20 de Chopin dedicado a su maestro Joaquín Soriano, también recientemente fallecido, y las dos primeras Variaciones Goldberg de Bach, obra que ha marcado el Festival de Mendigorría en los últimos años. Fue un cierre de altura para un concierto que, sobre todo en la parte final, ofreció momentos de gran emoción.


