Elsner Mozart Berlioz Antoni Wit 06/02/2015

Fiel a sí mismo

 

Viernes, 6 de Febrero de 2015. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Isabelle van Keulen, viola. Orquesta Sinfónica de Navarra. Antoni Wit, director. Joseph Elsner: Leszek el Blanco: Obertura, (1809). Wolfgang Amadeus Mozart: Sinfonía número 40 en Sol menor, KV 550, (1788). Hector Berlioz: Harold en Italia, Op. 16, (1834). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Navarra 2014-2015.

 

Hace algo menos de un año, la compositora Teresa Catalán dictó una conferencia en la Mediateca de la Ciudad de la Música de Pamplona. En aquel acto, concebido principalmente para los estudiantes de Composición del Conservatorio Superior, la ilustre compositora ofreció algunos consejos, entre los cuales uno se repitió una y otra vez. Los compositores deben buscar una voz propia. No se trata de escribir en cada momento en el estilo que está triunfando, porque las modas pasan y sólo la autenticidad permanece constante. Esta indicación es sin duda válida para los intérpretes, porque los estudios musicológicos o los gustos del público en cada momento son bastante cambiantes, y lo que interesa es que un intérprete, aun adaptándose a los estilos de los diferentes autores, tenga una voz propia que lo haga reconocible. Antoni Wit es sin duda uno de estos intérpretes, como volvió a demostrar en el concierto que nos ocupa.

La obertura de Leszek el Blanco de Joseph Elsner, compositor de origen alemán y uno de los principales profesores de Chopin, es una obra cuyo interés se resume en la introducción, muy deudora de la del Don Giovanni de Mozart, con su aire solemne y dramático magníficamente reflejado por Wit. El año Chopin de 2010 supuso una cierta recuperación de la música de este compositor, y es de agradecer que Antoni Wit nos lo haya presentado.

Acostumbrados a escuchar las sinfonías de Mozart con orquestas historicistas y tempi muy urgentes, la interpretación de la Sinfonía número 40 que nos ocupa habría sorprendido a quienes no conocen el estilo directorial de Antoni Wit. Pero el director polaco fue consecuente con sus ideas, y realizó una interpretación de tempi muy lentos y pausados, cincelando y construyendo con todo detalle cada frase. Fue especialmente tenso y dramático el primer movimiento, como tuvo su carácter galante el segundo movimiento y su empuje y brío el Finale. En el Minueto, muy ceremonioso, se habría preferido que Wit no hubiera tomado un tempo más lento para el Trío central, pero el conjunto de la interpretación fue extraordinaria.

No alcanzó un nivel tan elevado la versión de Harold en Italia de Berlioz. Siendo coherente consigo mismo, Wit intentó realzar la poesía de la obra, vigilando con atención cada detalle de la orquestación y que se mantuviera el orden en los pasajes más complicados. Pero esforzarse en mantener el control a toda costa en una obra como ésta es inútil. La música de Berlioz tiene, por definición, algo de excesivo, que en Harold se muestra en el carácter impetuoso de los movimientos extremos, que sonaron a Wit con poca intensidad. Sí hubo más interés en los movimientos intermedios, particularmente en el segundo, cuya sección central sonó con toda su hermosura. Isabelle van Keulen, la solista de viola en esta suerte de “sinfonía concertante” escrita por encargo de Paganini y que debería interpretarse más a menudo, mostró gran capacidad técnica y apasionamiento, pero a su sonido le faltó calidez. El final de la obra, cuyo efectismo subrayó Wit de forma desproporcionada, no despertó inmediatamente los aplausos del público, pero una vez iniciada, la ovación se mantuvo más de lo habitual.

En conjunto, hemos de alabar, con independencia de los resultados obtenidos, la fidelidad a sí mismo que Antoni Wit ofreció a lo largo del programa. Y es que la coherencia es hoy una virtud muy escasa.

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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