«EL STRAVINSKY MÁS MODERNO» CON LAS HERMANAS LABÉQUE EN BALUARTE

Música Xabier Armendáriz

«El Stravinsky más moderno»

Jueves, 18 de diciembre de 2025. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Katia y Marielle Labéque, pianos. Orquesta Sinfónica de Navarra. Perry So, director. Richard Wagner: La walkyria: Despedida de Wotan y música del fuego mágico, (versión instrumental), (1870). Bryce Dessner: Concierto para dos pianos y orquesta, (nueva versión estrenada en esta sesión), (2018). Igor Stravinsky: El pájaro de fuego: Suite de 1945, (1910). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Navarra 2025-2026.

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El pájaro de fuego fue la composición que lanzó a la fama internacional a Igor Stravinsky. La obra fue un encargo de la compañía de los Ballets Rusos de Sergei Diaghilev que le llegó al compositor ruso “de rebote”, ya que el autor originalmente pensado para la ocasión no creía que pudiera terminar el ballet a tiempo. Con todo, Stravinsky aprovechó plenamente la oportunidad y compuso un ambicioso poema sinfónico, (más de cuarenta y cinco minutos de música), que ilustra musicalmente hasta el más mínimo detalle del cuento popular en el que se inspiraba el argumento del ballet. El resultado muestra plenamente la influencia de Nikolai Rimsky-Korsakov, tanto en el orientalismo de las secciones más refinadas como en las armonías “retorcidas” con las que se representa a los engendros del rey Katchey, el antagonista del relato. La partitura completa es, por su propio derecho, una obra de máxima exigencia orquestal y que siempre hace las delicias del público.

Sin embargo, El pájaro de fuego ha sido más conocido en alguna de las tres suites que Stravinsky extractó de la obra en 1911, 1919 y 1945, respectivamente. La primera de las tres suites resulta hoy poco satisfactoria, (no incluye el final feliz de la historia), y la suite de 1919 ha sido históricamente la preferida de los directores. Sin embargo, la suite de 1945 es sin duda la mejor de las tres: no sólo incluye todos los números coreográficos más importantes de la obra, sino que es más abordable para una orquesta de tamaño medio. Con todo, en 1945 la estética de Stravinsky había cambiado; en diversos escritos teóricos, el compositor ruso intentó negar que la música pueda transmitir cualquier otra cosa que no sea el sonido objetivo, así que una obra de escritura tan gráfica como El pájaro de fuego le resultaba problemática. Por eso, Stravinsky cambió sutilmente la orquestación de algunos pasajes, de manera que el resultado suena más moderno, menos exótico y de un color inquietante por su sutileza.

En el concierto que nos ocupa, Perry So ofreció la suite de 1945 de El pájaro de fuego de Stravinsky, centrando la atención precisamente en las novedades que esta variante de la partitura ofrece. El director hongkonés no es un alquimista del sonido orquestal, pero sí domina los lenguajes compositivos del siglo XX y supo reconocer la modernidad de la nueva escritura stravinskiana, que sacó a relucir incluso en los momentos más insinuantes, como la ronda de las princesas. El gran rendimiento de la Orquesta Sinfónica de Navarra aseguró el merecido triunfo final.

Para muchos espectadores, sin embargo, el principal foco del concierto era la presencia de las siempre jóvenes Katia y Marielle Labéque, que se presentaban de nuevo en Baluarte para ofrecer el Concierto para dos pianos y orquesta de Bryce Dessner, una obra de extensión reducida encargada por este célebre dúo. Hablamos de una composición de lenguaje tópicamente postmoderno, donde dos movimientos de aire mecanicista y minimalista flanquean un episodio central más interesante en el que las Labéque pueden mostrar en plenitud su dominio de la paleta cromática del piano. Es difícil encontrar intérpretes más convencidas para esta música y el interés se redobló cuando las Labéque tocaron, como propina, el jardín de las hadas, el movimiento que cierra la suite Mi madre la oca de Maurice Ravel, en cuya sección central hubo verdadera magia.

La sesión se había iniciado con el final del tercer acto de La walkyria de Richard Wagner, una música que pierde buena parte de su emotividad cuando se saca de su contexto, pero cuya programación se agradece especialmente ahora que se acercan los ciento cincuenta años del estreno íntegro de El anillo del nibelungo. Además, la interpretación fue de calidad, considerando también que hablamos de una orquesta poco acostumbrada a este repertorio. Pero este concierto se recordará por la versión de la suite de 1945 de El pájaro de fuego de Stravinsky, que reveló la veta más moderna del compositor.

Autor entrada: xabier armendariz

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