El rapto de Europa Teatro Gayarre 10/03/2016

Treinta años no es nada

 

Jueves, 10 de Marzo de 2016. Teatro Gayarre de Pamplona. Compañía Dinamo Danza (Claudio Rojas, Laida Aldaz, Robert Jackson y Carmen Larraz, coreógrafos y bailarines). Quinteto Bortz (Roberto Casado, flauta; Jorge Nagore, clarinete; Jose Luis Larraburu, oboe; Alberto Chacobo, trompa; Moisés Irisarri, fagot). Iruñako Taldea: El rapto de Europa (1988): Obra colectiva compuesta con aportaciones de Teresa Catalán, Jaime Berrade, Patxi Larrañaga, Koldo Pastor y Josep Vicent Egea. Espectáculo inscrito en la temporada del Teatro Gayarre Febrero-Mayo 2016.

 

Tras la Segunda Guerra Mundial, una ola experimental sacudió buena parte de la música europea. Figuras como el recientemente fallecido Pierre Boulez o Karlheinz Stockhausen desarrollaron obras de fuerte contenido intelectual, en las que ampliaron la aplicación de los principios seriales de la Segunda Escuela de Viena y se lanzaron a investigar con procedimientos no convencionales, incluyendo instrumentos electrónicos. Estos procedimientos llegaron a España unos años más tarde, pero no faltaron autores que los aplicaron con gran aprovechamiento y sin el dogmatismo que, al menos en los primeros años, aquejó a los creadores europeos citados.

Aunque en los años cincuenta algunos autores reaccionaron contra estas tendencias renovadoras (György Ligeti, Iannis Xenakis, etc.), fue desde los años setenta cuando los compositores dialogaron más directamente con la tradición. En este contexto, un grupo de compositores reunidos en Pamplona en torno a los cursos de Agustín González-Acilu se presentó con varias obras colectivas en las que intentaron compaginar un ideario general común con el respeto de las peculiaridades individuales. El fruto más distinguido fue El rapto de Europa, una obra relativamente habitual en versión de concierto que, hasta la producción que nos ocupa, aún no había sido presentada como ballet, forma en la que la concibieron los autores.

El rapto de Europa trata del mito griego que relata el secuestro de la princesa fenicia Europa por el dios Zeus, cuya unión dio lugar a la estirpe de los fundadores del viejo continente. Cada uno de los cinco movimientos fue escrito por un autor diferente. En todo momento, asoma la influencia de Stravinsky, en particular de su época neoclásica, curiosamente el período creativo del compositor ruso más denostado por los modernistas militantes de la segunda postguerra. Hay un uso constante de efectos rítmicos y de procedimientos contrapuntísticos, que recuerdan al Bartok de la Música para cuerdas, percusión y celesta. Patxi Larrañaga no duda en usar citas de boleros y otras canciones de los cuarenta y cincuenta; Teresa Catalán inicia su retrato de Europa con un solo de flauta deudor del comienzo del Preludio a la siesta de un fauno de Debussy. En fin, la melodía del Epitafio de Seikilos, un fragmento de música encontrado en una estela funeraria de la ciudad homónima del siglo I d. C., sirve como motivo unificador al iniciar y cerrar la obra. Lo mejor que puede decirse del conjunto es que, treinta años después de su composición, no sólo no ha envejecido, sino que ahora parece más actual que cuando se presentó al público de los ochenta.

La coreografía, creada por la Compañía Dinamo Danza, suscitó división de opiniones. Carmen Larraz, presentó una coreografía diferente, más sensorial y dramática; incluso había acción escénica durante las pausas entre las secciones de la obra.

La interpretación musical del Quinteto Bortz fue sensacional. Es evidente que sus miembros dominan la obra, por haberla tocado con regularidad en forma concertante. Eso sí, seguramente se pueden acentuar más algunas aristas de determinados movimientos, que permitirían crear un ambiente general algo más dramático y menos debussysta.

En conjunto, el espectáculo permitió recordar lo que cinco compositores reunidos en torno al Conservatorio de Pamplona lograron hacer en la segunda mitad de los años ochenta. Fue un viaje en el tiempo que, esperamos, pueda ser revivido en otros lugares.

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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