Música Xabier Armendáriz
«El concierto más esperado»
Jueves, 27 de noviembre de 2025. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Raquel Lojendio y Naroa Inchausti, sopranos. Werner Güra, tenor. Orfeón Pamplonés. Igor Ijurra, director del coro. Orquesta Sinfónica de Navarra. Juanjo Mena, director. Wolfgang Amadeus Mozart: Sinfonía número 40 en Sol menor, KV 550, (1788). Felix Mendelssohn: Sinfonía número 2 en Si bemol mayor, Op. 52, (Canto de alabanza), (1840). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Navarra 2025-2026.
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El concierto que nos ocupa era, sin duda, uno de los más esperados de la temporada de la Orquesta Sinfónica de Navarra. La sola presencia del Orfeón Pamplonés, más aún recuperando una obra que había interpretado ya en la Semana de Música Religiosa de Cuenca este mismo año pero que entonces no se ofreció en Pamplona, era ya un motivo importante, pero la expectación crecía con la presencia del director vitoriano Juanjo Mena. Hablamos de uno de los directores de orquesta españoles más importantes del último medio siglo, un director muy completo y al que hemos escuchado en Pamplona con frecuencia. En este caso, planteaba un programa muy ambicioso, sobre todo por la obra que ocupaba la segunda parte.
Se abría la sesión con la Sinfonía número 40 de Wolfgang Amadeus Mozart, una obra icónica del repertorio orquestal. Juanjo Mena siempre ha sido un intérprete muy completo y, en concreto, la música vienesa del cambio entre los siglos XVIII y XIX siempre ha mostrado una presencia constante en su carrera. Ya desde el primer movimiento, ofreció una interpretación ejemplar de la sinfonía, aunque seguramente algo distinta de lo que muchos esperan en la actualidad al escuchar esta obra. Escuchamos una interpretación lenta, de cierta densidad, sobre todo centrada en la cuerda grave, que pareció enfatizar los rasgos prebeethovenianos de la escritura. A partir del segundo movimiento, los resultados fueron más convencionales, siempre dentro de una visión muy equilibrada y perfectamente construida. La Orquesta sinfónica de Navarra ofreció su mejor nivel.
Pero el gran reto en este concierto llegaba en la segunda parte. La Sinfonía número 2 de Felix Mendelssohn es, en realidad, una amplia cantata precedida por un extenso preludio instrumental compuesto para conmemorar los cuatrocientos años del descubrimiento de la imprenta. Aunque la comparación con la Novena Sinfonía de Beethoven parece obvia, (las duraciones son similares pero las proporciones entre música vocal e instrumental en ambas obras son inversas), el modelo mendelssohniano era sin duda las cantatas de Bach; conferir unidad al conjunto es la tarea más compleja de la obra. Juanjo Mena tendió, más bien, al contraste. Encontró un sonido orquestal ideal para la música de Mendelssohn. Se recreó en algunos de los momentos más espectaculares, como la fuga en “Die Nacht ist vergangen”, pero no olvidó acompañar a los cantantes con guante de seda en los momentos adecuados. Raquel Lojendio, colaboradora habitual de Mena desde hace años, ofreció una interpretación eficaz, aunque como suele pasar a menudo a quienes cantan el papel de primera soprano en esta obra, el registro agudo resultó demasiado metálico. Naroa Inchausti supo mantenerse firme en su papel, obviamente más discreto. Pero la mayor brillantez vocal llegó con la actuación de Werner Güra, un tenor de voz ideal para los Evangelistas de las pasiones bachianas y, por supuesto, también para esta obra. Su arte de canto fue el más distinguido de los participantes en esta versión y su manejo de los recitativos fue ejemplar. El Orfeón Pamplonés ofreció una actuación muy completa, aunque seguramente le faltó empaque en algunos momentos puntuales, sobre todo en “Nun danket alle Gott”, el coral que es decisivo en la parte final de la obra.
En conjunto, fue una nueva ocasión de escuchar a Juanjo Mena que, al margen de las noticias que él mismo publicó sobre su estado de salud, siguió haciendo música a muy buen nivel.


