«EL ANTIDIVO» ALBAN GERHARDT, VIOLONCHELO, CON LA ORQUESTA SINFÓNICA NAVARRA EN BALUARTE

MÚSICA Xabier Armendáriz

«El antidivo»

Jueves, 14 de diciembre de 2023. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Alban Gerhardt, violonchelo. Orquesta Sinfónica de Navarra. Pablo González, director. Didmitri Shostakovitch: Sinfonía número 9 en Mi bemol mayor, Op. 70, (1945). Antonin Dvorák: Concierto para violonchelo y orquesta en Si menor, Op. 104, (1894). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Navarra 2023-2024.

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Alban Gerhardt es, seguramente, el principal violonchelista de la actualidad. Con permiso de unos pocos solistas más conocidos en sus países de origen, (como Pablo Ferrández en España y Shekku-Kanneh Mason en Inglaterra), el violonchelista alemán es el que tiene un repertorio más variado. Hablamos de un músico plenamente consciente del peso de la tradición que arrastra su instrumento, pero al que él ha sabido darle nuevas oportunidades, dentro de un estilo interpretativo esencialmente sobrio. Ahora hemos tenido ocasión de hacerlo, y nada menos que en uno de los conciertos de referencia para su instrumento. El altamente sinfónico Concierto de Antonin Dvorák, escrito en la etapa final del compositor, es una obra con importantes resonancias personales y que mostró exactamente las principales posibilidades del violonchelo e incluso Brahms aseguró, algo hiperbólicamente, que si él hubiese sabido que podía escribirse una obra semejante, la habría compuesto él mismo. Alban Gerhardt no es quizá el intérprete más característico de este Concierto, pero demostró su calidad en su versión de la obra.

Lo que más destacó en la interpretación del Concierto para violonchelo y orquesta de Dvorák fue la calidad del sonido de Gerhardt y también su limpieza en el fraseo. En este concierto, de amplias proporciones y desarrollo sinfónico a gran escala, se suele buscar una interpretación de gran protagonismo del solista, con fraseos amplios en las secciones más líricas y gran apasionamiento en el resto. Pero no fue esa la opción que tomó Gerhardt, sino una versión de fraseo más pulido y que empezó a tomar vuelo desde el segundo movimiento. Pero lo mejor llegó en el movimiento final, donde Gerhardt tomó la melodía del refrán del Rondó como un tema popular, exponiéndolo con sencillez y máxima naturalidad. La Orquesta Sinfónica de Navarra acompañó con atención al solista, pero faltó el empaque sinfónico y la redondez en los clímax que necesita una obra del calado de este concierto. Fueron muy significativas las dos propinas: primero una versión para violonchelos y contrabajos de la Humoreske de Dvorák, sutilmente presidida por Gerhardt, y sólo después el Preludio de la Suite BWV 1012 de Bach.

En la primera parte, se había escuchado la Sinfonía número 9 de Dimitri shostakovitch, obra que sorprendió especialmente a las autoridades soviéticas porque, en contra de lo esperado, el autor petersburgués decidió no escribir una obra de gran amplitud y en tono triunfalista, (el fin de la Segunda Guerra Mundial parecía hacerlo apropiado), sino una composición sarcásticaz y por momentos profundamente amarga de formato más bien reducido. Pablo González no inició bien la obra; en el breve primer movimiento, se obstinó en dar a cada elemento temático su propio tempo, algo que en este episodio no puede funcionar. Luego, González se fue situando y supo ofrecer, sobre todo en los dos movimientos lentos, la amargura y la verdadera dimensión de la tragedia, ayudado por unos metales bien hirientes y unos solistas de la madera que, de nuevo, mostraron su mejor nivel. Por último, fue llamativa la manera en que González impidió artificialmente que brotaran espontáneamente los aplausos al final de la sinfonía. Esta obra no termina con un desvanecimiento en la nada, sino con una conclusión triunfalista que debería producir al espectador el mismo efecto que escuchar un fuerte portazo. Pero la escritura orquestal es poderosa y llamativa, de manera que sólo unos pocos directores pueden evitar de manera natural que el público se apresure a aplaudir.

En conjunto, fue una velada que interesó sobre todo por la presencia de Alban Gerhardt, un músico que, sin darse excesiva importancia, demostró por qué es uno de los mejores violonchelistas del mundo.

Autor entrada: xabier armendariz

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