El amor brujo Falla Estrella Morente Flamenco on Fire 30/08/2015

Muy de verdad

 

Los toreros, al igual que los músicos, tienen un argot bastante particular, que sobrepasa con mucho el ámbito de su profesión. Cuando son entrevistados después de una gran faena en la que sienten que han invertido mucho arrojo y valentía, invariablemente dicen lo mismo: “Hoy he estado muy de verdad”. No importa realmente cuál haya sido el resultado concreto de la faena; el simple hecho de presentarse ante un público y demostrar todo su arte y su sentimiento delante de un toro son más que suficientes para sentirse orgullosos.

El Festival Flamenco on Fire, en esta su segunda edición, se cerraba con una actuación de Estrella Morente que, tal como se anunciaba en la escasísima información disponible, interpretaría El amor brujo de Falla con la Orquesta Sinfónica de Navarra, en conmemoración del centenario del estreno de la versión original del ballet. Pero dado que la citada obra no alcanza ni media hora de duración (y menos aún en la versión revisada que se interpretó), se hizo necesario añadir más obras al conjunto del concierto.

La velada se abrió con una actuación de Estrella Morente con su conjunto habitual, encabezado por el guitarrista Montoyita. Fue una intervención inolvidable. Estrella Morente mostró el instinto infalible del buen gussto, la elegancia y el buen hacer. Cantó adornándose exactamente en la medida adecuada, sin desgastarse ni gritar inútilmente, pero sin perder nunca la emisión. Precisamente por eso su actuación resultó creíble y emocionante; tuvo mucha verdad y llegó fácilmente a un público muy entregado. Asimismo, los acompañantes supieron estar a la altura, en particular el guitarrista, que realizó magníficas introducciones a cada uno de los temas.

Cuando la Orquesta Sinfónica de Navarra salió a escena, la cantaora mantuvo asimismo su nivel. Si las canciones recopiladas por Federico García Lorca no son tan adecuadas para su estilo, (particularmente las sevillanas del siglo XVIII, que no obstante Morente supo salvar con gracejo y buen hacer), la actuación de la cantaora en El amor brujo sí fue extraordinaria, dando a su parte una libertad, un sentido de la ornamentación y una verdad más que evidentes. Su recitado en la escena inmediatamente previa a la danza ritual del fuego fue una lección en todos los aspectos, tal como el público supo reconocer.

No obstante, el nivel general de la interpretación descendió, debido a la actuación de Paco Suárez como director. Es probable que la falta de ensayos no haya ayudado a su labor, particularmente en las canciones recopiladas por García Lorca, pero sus interpretaciones fueron mecánicas y carentes de impulso. El hábito, fuertemente marcado, de señalar el tempo con el pie no hizo sino demostrar una preocupación excesiva por mantener una uniformidad, más que por las sutilezas de un rubato que, en muchas ocasiones, era muy necesario. Por supuesto, esta atención tan extremada en el mantenimiento del tempo impidió también alcanzar la emoción en el Himno Internacional Gitano y en La oración del torero, y aunque la versión de El amor brujo resultó al menos algo más digna, cabe afirmar que, si se hubiese contado con un director de orquesta más experimentado, el conjunto del concierto sí habría sido realmente memorable.

Al final, y a pesar de la excelente y bien medida presentación de Eva H., la velada se hizo muy larga (más de dos horas y media sin descanso), y resultó bastante irregular en su desarrollo. No obstante, lo que sí quedó claro fue la verdad y el arte, con mayúsculas, de Estrella Morente, que recompensó a un público rendido con Volver, el famoso tango de Carlos Gardel. Y es que el verdadero arte se reconoce por sí mismo.

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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