Eduardo Portal Schubert Dvorák 05/04/2013

Teoría y práctica

 

Viernes, 5 de Abril de 2013. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Orquesta Sinfónica de Navarra. Eduardo Portal, director. Franz Schubert: Sinfonía número 1 en Re mayor, D. 82, (1813). Antonin Dvorák: Sinfonía número 9 en Mi menor, Op. 95, B. 178, (Del Nuevo Mundo), (1893). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Navarra 2012-2013.

 

En los días previos al concierto que nos ocupa, el director burgalés Eduardo Portal ofreció una entrevista para la página web de la Orquesta Sinfónica de Navarra. La conversación tiene interés, por cuanto que Portal presenta a grandes rasgos su concepción sobre las dos obras interpretadas en su concierto. En teoría, era pues de esperar que lo que se escuchase en el concierto cumpliese con lo expuesto, pero el hecho empírico mostró que esta lógica no siempre se cumple.

La Primera sinfonía de Schubert, según Eduardo Portal, es una obra de juventud, alegre y fresca, muy ligada a la tradición de Haydn y Mozart, con pocos rastros de la “melancolía” propia del Schubert posterior. Es lo que en teoría se espera de un compositor de dieciséis años, los que tenía Schubert cuando concluyó la partitura. En efecto, la interpretación que nos ocupa respondió a estos presupuestos. Fue una versión bien construida, convenientemente musculada en el sonido, llevada con tiempos generalmente rápidos que dieron lugar a imprecisiones puntuales. Este enfoque tan desenfadado funcionó muy bien en los movimientos extremos y en el Scherzo; en la sección central de este último, Portal se permitió rubatear con mucho gusto, para destacar el carácter de Ländler del pasaje. El segundo movimiento, que ya predice mucho más claramente el Schubert que ha de venir, no resultó tan efectivo: el tempo tan fluido tomado por Portal no permitió paladear las melodías y la orquestación, tan inteligente en el tratamiento de la madera. La obra se escucha poco, y esta interpretación permitió conocer un trabajo que, en contra de lo que siempre se ha dicho, es algo más que un simple producto de juventud.

Al hablar de la Novena Sinfonía de Dvorák, Portal destaca que muchos de los temas fueron inspirados por músicas tribales de los indios americanos. Siendo esto un tópico muy extendido, no queda claro hasta qué punto refleja la realidad de la obra, porque las melodías tradicionales de los indios americanos tienen bastantes características comunes con las melodías folclóricas checas. Pero es que además, la interpretación de Portal mostró precisamente la vertiente más eslava de esta música. Los movimientos primero, tercero y cuarto destacaron por su dramatismo y su vivacidad, conseguidos gracias a una trabajada precisión en el tratamiento del ritmo. Así, las resonancias de danzas checas en el Scherzo resultaron más manifiestas de lo habitual en la obra. Con todo, lo mejor fue el famoso Largo, uno de los tiempos lentos más hermosos de toda la literatura sinfónica. Ya la célebre melodía del corno inglés hacía prever un movimiento de gran concentración y tensión interna, y efectivamente las expectativas se vieron cumplidas. La calidez del fraseo, los contrastes entre las diferentes secciones y el inteligente aprovechamiento de los silencios hicieron el resto. Una gran interpretación de esta sinfonía que, en manos de Portal, sonó más europea que nunca.

En conjunto, asistimos pues a la presentación en Pamplona de otro director que puede ofrecer interpretaciones de gran interés, como mostró especialmente la Nuevo Mundo del concierto que nos ocupa. Con todo, después de haber escuchado la entrevista resultó evidente que, también al hacer música, una cosa es la teoría y otra  la práctica.

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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