Eduardo Portal Haydn Brahms Sibelius 11/10/2013

Calidad

 

Viernes, 11 de Octubre de 2013. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Orquesta Sinfónica de Navarra. Eduardo Portal, director. Franz Joseph Haydn: Sinfonía número 90 en Do mayor, Hob. I número 90, (1788). Johannes Brahms: Variaciones sobre el Coral de San Antonio, Op. 56 A, (versión para orquesta realizada por el propio compositor), (1873). Jean Sibelius: Sinfonía número 5 en Mi bemol mayor, Op. 82, (1919). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Navarra 2013-2014.

 

El nombre de Eduardo Portal no es desconocido para los habituales de la Orquesta Sinfónica de Navarra. El curso pasado, realizó un concierto de buen nivel, con una Primera sinfonía de Schubert interesante y una Novena de Dvorák que rompía tópicos, quitando a la obra parte de su grandiosidad y acentuando los rasgos propios del folclore checo. Pocos meses más tarde, ha vuelto en la velada que nos ocupa para enfrentarse a un programa de música muy apreciada por el público, consiguiendo un éxito comparable al de su visita anterior. Es lógico que así sea, porque el trabajo al frente de la Orquesta fue espléndido.

Las sinfonías de Haydn son una piedra de toque para cualquier director actual. Las modas historicistas han impuesto su ley, y no es fácil conciliar las “exigencias” de autenticidad con la musicalidad intrínseca de estas obras, que muchas veces piden tiempos más lentos e interpretaciones de sonido menos rústico. En este caso, Portal desplegó la obra con agilidad y elegancia, sin renunciar a los contrastes. En ese aspecto, lo más conseguido fue el Andante, donde la diferencia de carácter entre ambos temas fue muy bien captada. Sorprendió el buen gusto en el Minueto, y sobre todo la magnífica aplicación del rubato en el Trío, que se convirtió así en un Ländler o precedente lento del vals vienés. Finalmente, el cuarto movimiento resultó enérgico y vivaz. Es sorprendente qué eficaz sigue siendo aún hoy el falso final que Haydn introdujo en esta pieza.

Las variaciones brahmsianas, basadas en un tema en otro tiempo atribuido precisamente a Haydn, no resultaron quizá tan redondas. Imbuido como estaba Portal del espíritu jovial y chispeante del compositor de Rohrau, realizó en consecuencia una interpretación de la obra amable, plena de sentido lúdico. Las texturas orquestales y los tiempos, por supuesto, fueron más ligeros de lo habitual en esta obra. Así, el carácter de cada variación individual se difuminó ligeramente, y al final le faltó quizá un punto de grandiosidad. Pero la suya fue una interpretación coherente, más afín al original para piano a cuatro manos.

Por lo que respecta a la Quinta de Sibelius que cerró programa, se puede decir que Portal se encontró cómodo en una partitura especialmente apta para su manera de entender la música. Por supuesto, se apreciaron los tonos ocres de la partitura, y Portal se esforzó mucho en hacer destacar a las maderas, auténtico pilar de la escritura de Sibelius. Pero su lectura fue dicha con muy buen pulso, particularmente en los movimientos extremos, no dejando que la oscuridad de la orquestación ocultara la vertiente festiva, que la hay, de esta página. En particular, el Finale fue una lección de construcción, especialmente por la manera en que dejó ganar protagonismo al tema de las trompas, inspirado al parecer por el canto de los cisnes. La entusiasta reacción del público fue más que justificada.

En conjunto, fue un concierto en donde la orquesta, siempre en plena forma, respondió en todas sus exigencias a un director que, en esta su segunda aparición, ha demostrado que sabe hacer interpretaciones de gran calidad. Sin complicaciones ni grandiosidades añadidas, el suyo es el trabajo de un artesano a la antigua. ¿Hace falta algo más?

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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