De Lalande Telemann Symphonie du Marais Hugo Reine 04/09/2015

El arte de agradar

 

Viernes, 4 de Septiembre de 2015. Iglesia de San Miguel de Estella. La Symphonie du Marais. Hugo Reine, director. Michel Richard de Lalande: Sinfonías para las cenas del Rey: Selección. Georg Philip Telemann: Música de mesa: Selección, (1733). Concierto inscrito en la Semana de Música Antigua de Estella 2015.

 

Hasta comienzos del siglo XIX, casi todos los compositores debían trabajar para un determinado patrón. Podían elegir entre servir a una capilla musical catedralicia o componer para un rey o un noble más o menos acomodado, que dispusiera de efectivos instrumentales y vocales para interpretar música profana y/o religiosa. Tanto en un caso como en otro serían tratados como un sirviente más, y su principal objetivo sería agradar a sus señores. Los casos de compositores como Händel, que pudo establecerse como “empresario” en Londres y ganar temporalmente algún dinero con sus óperas, o Haydn, que recibió cuantiosas ganancias por la edición de sus obras, eran en general muy contados; sólo pudieron hacerlo algunos músicos especialmente célebres.

El concierto que nos proponía La Symphonie du Marais, muy bien presentado por Sergio Barcellona, era muy ilustrativo de este fenómeno. Al menos hasta la muerte del compositor, las Sinfonías para las cenas del Rey de De Lalande sólo se escuchaban en la restringida corte de Versalles, mientras que Telemann sí consiguió una difusión mucho más amplia de su Música de mesa, aunque se ganaba su sustento escribiendo incansablemente para sus patrones hamburgueses. Así pues, el concierto se conformaba a base de músicas de entretenimiento, de escucha generalmente sencilla (aunque más en el caso de Telemann que en el de De Lalande, en todo caso), interpretadas por un conjunto de gran prestigio.

Y es que La Symphonie du Marais y Hugo Reine fueron en su día de los pioneros en la recuperación de estas músicas, y todavía hoy mantienen un nivel altísimo. En particular, la primera parte fue una magnífica demostración de cómo se puede y se debe interpretar la música de De Lalande. Reine y sus músicos no rehuyeron la pomposidad ni el refinamiento característicos de la corte versallesca, sino que por el contrario se zambulleron en ellos en plenitud, recreándose en los adornos y en los contrastes de carácter de las danzas. Esto fue particularmente evidente en la Fantasía que el rey pedía a menudo, que se inicia con una chacona que, en manos de Reine, sonó adecuadamente pomposa y ceremoniosa. Por otra parte, la Symphonie du Marais supo también dotar de continuidad a la música, algo nada sencillo en unas obras que exigen una variedad de contrastes tan acusada, y sus miembros obtuvieron fuertes ovaciones del público.

También las interpretaciones del cuarteto y de la suite de Telemann fueron excelentes, pero Telemann ha pasado en mayor medida a nuestro vocabulario musical, en particular estos fragmentos de la Música de mesa que hoy se interpretan con cierta regularidad. Por otra parte, la frescura y la energía que estos músicos encontraron en estas obras resultaron menos sorprendentes. En todo caso, hemos de hacer mención al extraordinario rendimiento del bajonista del conjunto, que realizó una demostración de virtuosismo y ligereza realmente encomiable.

En conjunto, fue un concierto de gran nivel a cargo de un grupo hoy algo olvidado (se ha acercado poco a los estudios de grabación en los últimos años), pero que sigue demostrando extraordinaria capacidad para este repertorio. A eso añádase también la gracia con la que Hugo Reine presentó las obras y animó al público a aplaudir entre movimientos, sugerencia que un sector de los asistentes se tomó tal vez con demasiada literalidad. Y es que, igual que De Lalande y Telemann, también Hugo Reine sabe bien en qué  consiste el arte de agradar.

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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