Coros Ópera Zarzuela Orfeón Pamplonés Banda Pamplonesa 07/09/2013

Privilegio

 

Sábado, 7 de Septiembre de 2013. Teatro Gayarre de Pamplona. Orfeón Pamplonés. Igor Ijurra, director del coro. Banda Municipal de Música “La Pamplonesa”. Josep Vicent Egea, director. Francisco Asenjo Barbieri: El barberillo de Lavapiés: Preludio y coro inicial, (1874). Tomás Bretón: La verbena de la Paloma: Preludio y seguidillas, (1894). Jesús Guridi: Cuadros vascos: Final, (versión para coro y banda preparada por José Franco en 1922). Carl Orff: Carmina Burana: Coro final de la segunda parte y coro final, (1936). Giuseppe Verdi: Il trovatore: Coro de gitanos del segundo acto, (1853). Giuseppe Verdi: Nabucco: Coro de esclavos del tercer acto, (1842). Giuseppe Verdi: Aída: Coro y marcha triunfal del segundo acto, (1871). Alexander Borodin: El príncipe Igor: Danzas polovsianas, (1890). Concierto conmemorativo del 590º aniversario de la promulgación del Privilegio de la Unión.

 

El concierto que nos ocupa estaba destinado a celebrarse en la Plaza del Castillo. Como ocurre cada cierto tiempo, La Pamplonesa y el Orfeón Pamplonés iban a realizar al aire libre un programa formado por clásicos populares del repertorio de coros de ópera y zarzuela, en un ambiente festivo, con ocasión en este caso las conmemoraciones del Privilegio de la Unión. La amenaza del mal tiempo hizo que, finalmente, el concierto se celebrara en el interior del Teatro Gayarre. Por supuesto, se perdió la informalidad y el carácter masivo del espectáculo en la calle, pero por otra parte el resultado sonoro fue mucho más natural y equilibrado.

El programa no sufrió cambio alguno, y reunía a los grandes clásicos habituales en estas ocasiones. La nómina de autores y obras, que esperemos aumente en futuros encuentros, es significativa: Barbieri, Bretón, Guridi, Orff, Verdi y Borodin. Todo ello repertorio muy conocido y querido por el público, que disfrutó ciertamente del concierto, como lo probó la fuerte ovación final y las tres propinas que hubieron de ofrecer La Pamplonesa y el Orfeón.

Pero es que, además, la calidad del concierto respondió a las expectativas. El Orfeón Pamplonés, centrado ahora en otros eventos de más postín, (Romeo y Julieta de Berlioz en el Auditorio Nacional de Madrid), cantó con la seguridad y la profesionalidad adecuadas un repertorio completamente distinto. El nivel fue a más conforme avanzó el concierto, subiendo especialmente a partir de los coros de Carmina Burana y alcanzando su culmen en unas danzas polovsianas en donde estuvieron especialmente rotundos y metidos en la música. Igualmente La Pamplonesa realizó una gran actuación.

Con estos mimbres, Vicent Egea se encontró en su elemento. Un director como él, capaz de tantos registros, se sintió cómodo tanto en el casticismo de El barberillo de Lavapiés, tomado de todos modos con cierta distancia, como en la música folclorizante de los Cuadros vascos de Guridi. Pero probablemente fue en Verdi y Borodin donde mejor supo conciliar todos los elementos. Especialmente memorable a este respecto el coro de esclavos de Nabucco, y sobre todo unas danzas polovsianas en las que, aprovechando el magnífico estado de forma de orquesta y orfeón, realizó una interpretación de pulso rítmico constante desde el principio hasta el final, como mandan los cánones.

En conjunto, y haciendo un juego de palabras con la conmemoración a la que debíamos el concierto, hay que entender  el privilegio que supone poder escuchar juntos a una banda como la Pamplonesa y a un coro como el Orfeón Pamplonés,  la acústica del Teatro Gayarre favoreció esta unión para el disfrute de todos. Aunque  ambas formaciones centren sus principales esfuerzos en otros repertorios distintos,  siempre es gratificante volver de vez en cuando a estos conciertos en común.

 

 

 

 

  

Autor entrada: Xabier Armendariz

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *