Concierto Semana Santa Capilla Música Aurelio Sagaseta 22/03/2016

Afinidades

 

Publicamos este artículo tal como apareció en el Diario de Navarra en su momento, algo que ocurrió salvo error el día 27 de Marzo. Unos días después, un lector de Diario de Navarra corrigió algunos extremos de esta crónica, particularmente para recordar que el Sermón de las Siete Palabras sigue celebrándose todavía hoy, usándose para ello la música de Dubois y gracias a la iniciativa de una serie de personas e instituciones, allí enumeradas, que ensayan y trabajan desinteresadamente para ello.

 

Martes, 22 de Marzo de 2016. Catedral de Santa María la Real de Pamplona. Lola Elorza, soprano. David Etxeberría, tenor. Silvano Baztán, barítono. Capilla de Música de la Catedral de Pamplona. Aurelio Sagaseta, director. Aurelio Sagaseta: Stabat mater. Miguel Valls: Dies irae, (1715, estreno absoluto). Samuel Barber: Agnus Dei, (arreglo del Adagio para cuerdas para coro a ocho voces y órgano realizado en 1967), (1936). Anónimo: Miserere Romano: Selección. Gregorio Allegri: Misserere: Selección, (1638). Thèodore Dubois: Las siete Palabras de Cristo, (1867). Concierto inscrito en el Festival de Música Sacra de Navarra 2016.

 

Dos obras del compositor francés Thèodore Dubois (1837-1924) han sido históricamente tradicionales en el panorama musical pamplonés. Todavía hoy, Julián Ayesa interpreta durante el ofertorio de la misa en la catedral cada 6 de Enero la Marcha de los Reyes, una obra en la cual el organista francés describe el lento caminar de los camellos a través del desierto bajo la luz de la estrella de Belén. Durante años, fue asimismo tradición en Pamplona interpretar en la mañana del Viernes Santo Las siete Palabras de Cristo, oratorio compuesto en 1867, como parte del Sermón de las Siete Palabras.

No es éste un hecho habitual en otros lugares. Thèodore Dubois fue en su momento un músico académico, contemporáneo e impulsor de la escuela de César Franck, Vincent d’Indy y compañía. De hecho, Dubois fue uno de los miembros del jurado que negaron el Premio de Roma a Maurice Ravel, y el escándalo subsiguiente le obligó a dimitir del puesto de director del Conservatorio de París. Musicógrafos como Theo Hirsbrunner tienden por ello a despreciar la obra de Dubois como compositor al afirmar que de él “sólo se lee su Teoría de la Armonía”.

Hacía algunos años que nadie había programado en Pamplona Las siete Palabras de Cristo de Dubois, y por nuestra parte damos la bienvenida a esta recuperación para el panorama musical pamplonés, máxime cuando la ha interpretado su máximo valedor en la ciudad. Aurelio Sagaseta y la Capilla de Música de la Catedral de Pamplona conocen la obra de primera mano, por haberla interpretado en concierto o inserta en la liturgia a lo largo de muchos años, y esa experiencia resultó evidente desde la primera nota. El sonido pleno de la orquesta y el coro, los tempi adecuadamente reposados y solemnes, el aliento lírico de las melodías y la contención en el drama le sentaron muy bien a una obra escrita en 1867 que bebe de las influencias de Berlioz y Franck, y que se presta a una reflexión esperanzada sobre las últimas horas de vida de Jesús. Nosotros destacaremos dos momentos especialmente logrados en esta interpretación: el “Hodie eris mecum” en donde se escuchó una intervención estelar del clarinete solista y el “Adoremus te, Christe” que cierra la obra en la más absoluta quietud. Fue una lástima que el público interrumpiera con sus aplausos tan rápidamente la magia del momento.

El equipo de solistas fue elegido con acierto. Aunque ninguno de los tres mostró una voz suficientemente potente para hacerse oír en el amplio espacio de la catedral, todos cantaron con musicalidad y sin ninguna veleidad operística, que en esta obra habría sido contraproducente. El coro actuó con determinación, seguridad y empaste.

Las obras de la primera parte del concierto ofrecían menos interés. El Dies irae de Miguel Valls, escrito en 1715 y cuya interpretación se ofreció en memoria de las víctimas de los atentados de Bruselas, es una obra muy propia de su tiempo por el uso algo artificioso de la policoralidad, pero seguramente no fue la mejor de este antiguo maestro de capilla de la sede pamplonesa.

Al Agnus Dei de Barber le faltó una articulación más clara de los silencios. El Miserere compuesto a partir de fragmentos de una obra de autor desconocido y de la famosa obra de Allegri tenía gran coherencia musical, pero su interpretación resultó en general poco fluida. Fue sobre todo la recuperación de la obra de Dubois la que destacó  en este concierto que explica por qué el organista francés es uno de los autores más recordados  en Pamplona.

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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