Concierto de Año Nuevo Orquesta FestiavalJohann Strauss 06/01/2014

En defensa de los Strauss

 

Lunes, 6 de Enero de 2014. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Elena Sbvedova, soprano. Orquesta del Festival Johann Strauss. Piotr Vandilovsky, director. Johann Strauss Hijo: tú y tú, vals sobre temas de El murciélago, Op. 367, (1874). El murciélago: Aria de Adele del segundo acto “Mein Herr Marquis”, (1874). Sangre vienesa, vals Op. 354, (1873). Electrofort, polka rápida Op. 297. El murciélago: Zardas de Rosalinde del segundo acto “Klänge der Heimat”, (1874). Un solo corazón, una sola alma, polka mazurca Op. 323. Fígaro, polka francesa Op. 320. Marcha española, Op. 433. Cuentos de los bosques de Viena, vals Op. 325, (1868). Rosas del Sur, vals Op. 388, (1880). Carnaval en Roma: Selección, (1873). Por fuerza, polka rápida Op. 308. Cuadrilla sobre temas de Un ballo in maschera de Verdi, Op. 272. El murciélago: Couplets de Adele del tercer acto “Spiel’ich die Unschuldvom Lande”, (1874). Furioso, polka rápida casi galop Op. 260. Zardas de Pest, Op. 23. Joseph Strauss: Incombustible, polka francesa Op. 269. Johann Strauss Hijo: Polka del champán, Op. 211. Voces de primavera, vals Op. 410, (1882). Tradicional Concierto de Año Nuevo de Pamplona.

 

El pasado día 31 de Diciembre, el director granadino Pablo Heras-Casado fue llamado en sustitución de Daniel Barenboim, ausente por hacerse cargo del Concierto de Año Nuevo de Viena, para dirigir el Silvesterkonzert y el Concierto de Año Nuevo de la Orquesta de la Staatskapelle de Berlín. Es tradición que el programa que esta orquesta interprete en ambas veladas esté conformado por la Novena sinfonía de Beethoven. Pablo Heras-Casado, un músico muy solvente en un amplísimo repertorio que abarca más de cinco siglos de música, fue preguntado en la rueda de prensa de presentación del concierto por los valses de los Strauss, con los que los vieneses (y todo el mundo con ellos) hacen la travesía de año en año. La respuesta no fue especialmente afortunada. Según él, empezar el año nuevo con la Novena beethoveniana y sus valores de fraternidad universal y libertad, es una idea mucho mejor que hacerlo con una tanda de valses frívolos y facilones.

Es ésta una actitud equivocada con la que bastantes músicos se enfrentan a la música de los Strauss. Evidentemente, la sinfonía coral de Beethoven es la apoteosis del canon de la música occidental lo que, unido al mensaje extramusical que transmite, hace de ella una música excelente para cualquier ocasión especial. Pero la música de los Strauss, que no es tan facilona como muchos dicen y además irradia optimismo por los cuatro costados, nos parece adecuadísima para empezar el año.

Como ya se ha vuelto tradición, pues ya van veintitrés ediciones, en la tarde de Reyes se celebró el concierto a base de valses, polkas y fragmentos de opereta de los Strauss que ahora nos ocupa, este año con predominio de la música de Johann Hijo. El repertorio, muy bien seleccionado, alternaba obras más y menos conocidas de la familia, aunque muchas de las no tan conocidas han sonado en las últimas ediciones de los Conciertos de Año Nuevo de Viena. En esto el firmante ha debido recurrir a esa memoria, porque algunas obras del programa de mano fueron sustituidas sin que el público tuviera noticia de ello.

Los intérpretes reunían garantías. La Orquesta del Festival Johann Strauss es un conjunto eficaz que desempeña su papel con seguridad y energía. En este caso, se presentaban en Pamplona con la soprano Elena Sbvedova, que evidencia sus orígenes geográficos en su pronunciación alemana poco ortodoxa y el vibrato de su voz, excesivo para esta música. Pero la voz tiene caudal y se defiende bien en las coloraturas, algo fundamental para llevar estos arreglos adelante.

Piotr Vandilovsky es asimismo un viejo conocido, pues el año pasado ya se había hecho cargo del concierto. Su labor este año fue igualmente eficaz, siguiendo una línea muy similar a la de entonces. Sin usar el rubato vienés pero alargando los comienzos de las frases, Vandilovsky consiguió que los valses no resultaran mecánicos, las polkas rápidas tuvieran energía y que todo sonara con cierta adecuación estilística, bien que algunos valses parecieran más decadentes de la cuenta, algo inevitable en el arreglo con soprano de Cuentos de los bosques de Viena. Lo mejor fueron las polkas rápidas, a las que supo sacarles un tono de cervecería bávara muy adecuado. Individualmente, nos quedamos con la interpretación de Incombustible, la polka francesa de Joseph Strauss, en la que el percusionista que golpeaba el martillo embutido en su disfraz de herrero contribuyó con su actuación a que el público se riera a gusto.

Al final del concierto, llegaron las propinas de siempre, incluyendo En el bello Danubio azul y la Marcha Radetzky con las habituales palmas, terminando todo con el consiguiente éxito. Es de suponer que, si al final del concierto alguien hubiese preguntado en una encuesta si la música de los Strauss es adecuada para empezar el año, buena parte del público no habría tenido las dudas de Heras-Casado, y habría respondido afirmativamente sin vacilar…, con toda la razón.

 

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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