Concierto Curso Monteverdi Coral Cámara Navarra 17/06/2013

Recuperando a Monteverdi

 

Lunes, 17 de Junio de 2013. Sala de Cámara del Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Imanol Espinazo y Alexia Papantchev, actores. Capilla Renacentista Miguel Navarro de la Coral de Cámara de Navarra y Alumnos del Curso “En torno al madrigal monteverdiano”. David Guindano, director. Claudio Monteverdi: Libro I de madrigales: “Ch’ami la vita mia”, “La vaga pastorella”, (1587). Libro II de madrigales: “Ecco mormorar l’onde”, “Non si levava ancor”, (1590). Libro III de madrigales: “Ch’io non t’ami”, “Lumi miei cari”, (1592). Libro IV de madrigales: “Ah dolente partita”, “Sfogaba con le stelle”, “A un giro sol”, “Sì, ch’io vorrei morire”, (1603). Libro V de madrigales: “Cruda Amarilli”, “Che dar più”, (1605). Libro VI de madrigales: Lamento de Ariadna, (1614). Concierto de clausura del Curso-Taller “En torno al madrigal monteverdiano”.

 

La recuperación de la música antigua con criterios históricos llegó a España con retraso. Mientras en otros países ya se venían realizando incursiones en repertorios antiguos con pretensiones filológicas desde los años sesenta, aún en los noventa este tipo de acercamientos eran en España muy escasos, cuando David Guindano decidió realizar una serie de conciertos dedicada a Monteverdi, con ocasión de los 350 años transcurridos desde la muerte del compositor de Cremona.

Han pasado veinte años, y ha llovido mucho desde entonces. La investigación especializada ha seguido su curso y los criterios interpretativos han cambiado bastante, gracias a la irrupción de los conjuntos italianos. También los conjuntos historicistas españoles son más numerosos, e incluso algunos directores han logrado fama internacional. A la luz de este nuevo contexto, la Coral de Cámara de Navarra ha organizado un curso-taller en el que se preparó el concierto que ahora nos ocupa, que se centraba nuevamente en la música de Monteverdi, uno de los autores más importantes de la Historia de la Música.

Para la ocasión, se ha realizado una selección muy representativa de sus seis primeros libros de madrigales, que muestran con toda claridad la transición desde un estilo polifónico heredero de la tradición madrigalística previa, a un cuidado cada vez mayor en la musicalización de los textos, destacando a través de la música los recursos literarios y el sentido de los poemas. En términos históricos, se trata de la transición desde el Renacimiento hasta la mayor expresividad de un Barroco todavía incipiente, que de todas formas no tardará en establecerse.

La tarea era realmente difícil. Los madrigales de Monteverdi requieren una inmensa concentración, que permita a todos degustar las disonancias y percibir con claridad el discurso armónico y verbal de las obras. La dicción ha de ser prácticamente perfecta, la declamación natural y el tempo fluido, sin incurrir en extravagancias o exageraciones.

Con todo, los resultados merecieron claramente la pena. David Guindano conoce muy bien el repertorio que maneja, y fuera de algunas dudas iniciales, supo guiar a los coralistas hasta lograr unas interpretaciones muy buenas, y en ocasiones directamente maravillosas. El contrapunto siempre resultaba de claridad meridiana y los textos adquirían su sentido propio; en especial los momentos más desgarrados fueron de un dramatismo realmente muy acertado, como pudo apreciarse bien en el “Cruda Amarilli”. Pero sobre todo el Lamento de Ariadna, cantado por un selecto grupo de cinco solistas, fue una delicia por la implicación de los componentes del “coro” y la naturalidad de la interpretación.

Hubo por otra parte algo de representación teatral añadida, incluyendo algunas paráfrasis de los textos cantados y, en ocasiones, pantomimas que se realizaban durante la interpretación de los madrigales. Así, el formato del concierto adquirió mayor naturalidad, aunque cabe preguntarse si las coreografías añadidas no distraían la atención de la música.

En conjunto, fue un concierto de gran calidad artística, en donde finalmente el gran triunfador fue el gran Claudio Monteverdi, cuya música parece elevarnos constantemente hacia una esfera superior. Con toda razón, pidió para él Guindano un aplauso al final de la velada.

 

 

 

 

 

  

Autor entrada: Xabier Armendariz

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