Concierto Canción Japonesa Nerea Berraondo Juan Urdaniz Museo de Navarra 28/02/2014

En el salón de té

 

Viernes, 28 de Febrero de 2014. Capilla del Museo de Navarra. Nerea Berraondo, mezzosoprano. Juan Urdaniz, piano. Obras de Takeichiro Hirai, Yoshinao Nakada, Hashimoto Kunihiko y Toru Takemitsu. Concierto organizado por la Asociación Ures para la Creación y Difusión Artística en colaboración con el Museo de Navarra, en el contexto del Año Dual España-Japón.

 

Fuera de las grandes ciudades, la música japonesa apenas se ha escuchado, y la información que llega a través de la prensa  no se refiere a los compositores más importantes. Hace unas semanas se conoció que un compositor japonés de cierto prestigio, Mamoru Samuragochi, confesó que no era el autor de algunas de las obras más importantes que hasta ahora se le atribuían. Además, se supo después que la sordera que había relanzado su popularidad, (que le valió el sobrenombre de “el Beethoven japonés”), probablemente también es falsa…

No obstante, en las grandes ciudades sí ha habido oportunidad de escuchar música japonesa de autores ilustres. La obra orquestal de Toru Takemitsu es habitual en Madrid y Barcelona. Obras de autores como Takemitsu tenían que escucharse antes o después en Pamplona, como también estaría bien programar más a menudo recitales de canciones de concierto.

Precisamente lo extraordinario  en esta velada era el repertorio, conformado por canciones de concierto de autores japoneses escritas a lo largo del siglo XX. Desde finales del siglo XIX, en la llamada era Meiji, Japón inició un período aperturista que permitió que llegaran al imperio del sol naciente influencias exteriores, entre ellas la música clásica occidental, de la que han bebido todos los autores incluidos en programa.

El estilo de estas canciones de concierto japonesas es muy particular. El programa de mano dice que son canciones influidas por la tradición occidental, en las que se han colado escalas pentatónicas y otros elementos de tradición autóctona japonesa. Sin embargo, para oídos occidentales la sensación puede ser otra: en muchos casos, son canciones que podían haber firmado perfectamente Debussy o Ravel, hasta tal punto que por momentos uno imaginaba estas canciones sonando en un salón de té de los años veinte. Tal es el refinamiento de los acompañamientos, el uso de escalas modales y pentatónicas y la ensoñación que se consigue al interpretarlas. No en vano, los compositores impresionistas no dejaban de ser compositores occidentales influidos por la música de Oriente, exactamente el caso contrario del que ahora nos ocupa.

Para defender este repertorio, se contó con una intérprete vocal de primera fila. Nerea Berraondo realizó un trabajo extraordinario desde todos los puntos de vista. En particular, supo dotar a estas canciones de una mezcla de sensualidad e inocencia muy atractiva, que no deja de emparentar este repertorio precisamente con la canción francesa. Además, en contra de lo que suele esperarse de los cantantes más formados en la ópera, supo plegarse al intimismo de estas canciones, algo fundamental para el éxito en este repertorio. Sin ninguna duda, estamos hablando de una cantante en ascenso.

La presencia de Juan Urdaniz al piano asegura un acompañamiento atento y diligente en todos los casos. Además  su identificación con este repertorio fue especialmente clara. Después de un par de bises de canciones ya escuchadas, terminó el concierto con éxito de público.

Fue un concierto con una propuesta diferente. La canción japonesa es un repertorio inusual en todas partes, y el género de la melodía francesa con el que tanta relación tiene se ha oído muy poco en Pamplona. Contando con intérpretes de este calibre, la ocasión no podía ser más bienvenida.

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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