Colectivo E7.2 Teatro Gayarre 14/10/2014

Sinfonía contemporánea para iniciados

 

Ya desde la entrada al Teatro Gayarre se percibía que este concierto era especial. Las azafatas que atendían al público no se limitaban a cortar las entradas y registrar así la afluencia de espectadores, sino que acompañaban a los asistentes por detrás del escenario. En efecto, en el concierto que nos ocupa tanto el público como el intérprete estaban en escena, en una situación poco imaginable en un concierto habitual. Presidía el conjunto una pantalla, que sería usada para generar proyecciones del Teatro.

Todos estos detalles nos hablan, por consiguiente, de un concierto poco convencional, y en este caso la organización del evento correspondía al Colectivo E7.2, que a través del ciclo que se iniciaba con este concierto pretende recuperar en Pamplona el espíritu de los Encuentros celebrados en la capital navarra en 1972, en los que participaron algunos de los artistas más importantes del momento, entre ellos el compositor John Cage. Según dicen los organizadores, se trata de presentar conciertos que ofrezcan un formato poco convencional, para impulsar la creación contemporánea y la afición por este tipo de música, particularmente entre niños y jóvenes.

Así pues, ante una audiencia muy reducida y en una atmósfera de intimidad difícilmente alcanzable frente a auditorios más numerosos, el percusionista Matías Laborde comenzó a ofrecer su programa, junto a los vídeos de Leandro Suárez. El concierto mezclaba obras para percusión sola, (percusión corporal, marimba o tambores de diverso tipo), con obras en las que había asimismo música pregrabada. La variedad estética fue considerable, desde los recursos más elementales de la obra de percusión corporal, en la que los silencios adquirían una importancia fundamental, hasta la complejidad rítmica más explícita de Rebons B del compositor griego Ianis Xenakis; incluso una de las obras para marimba sola tenía un claro aroma tonal. No quedó duda de la pretensión de incluir la mayor cantidad de estilos posibles. Fue, desde luego, una decisión acertada.

Contar con un percusionista como Matías Laborde fue un lujo. Todas las interpretaciones fueron técnicamente perfectas e impecables desde el punto de vista expresivo, e igualmente fue muy conseguida la coordinación con las diversas músicas pregrabadas. Es difícil encontrar intérpretes tan adecuados para estas músicas, y Laborde demostró estar especialmente capacitado para este repertorio, que sabe defender con total convicción. Las proyecciones ofrecidas por Leandro Suárez mostraban la platea y otros espacios del Teatro desde el escenario, reflejando visualmente la participación de los espectadores en el concierto.

Queda aún un aspecto por comentar. El público no dispuso de ningún programa en el que se indicasen las obras que se iban a interpretar, ni tampoco hubo ninguna explicación durante el concierto sobre ellas, más allá de algunas pistas ofrecidas a través de determinadas citas literarias. Esto dio al concierto una inmediatez y una tensión considerables, pero le quitó en cierta manera algo de espíritu didáctico. Se confiaba en la madurez de un público que supiese valorar esta suerte de “sinfonía contemporánea” ayudándole con algunas herramientas visuales. Fue un buen recurso para crear curiosidad, pero habría sido interesante ver los resultados de este espectáculo con un público más numeroso y menos acostumbrado a estos experimentos.

En todo caso, fue un concierto interesante, en el que se ofrecieron interpretaciones magníficas de un repertorio muy poco explorado. Estaremos atentos a las demás entregas de este ciclo, sobre todo al concierto en homenaje a John Cage, con la presencia del compositor Jorge Fernández Guerra.

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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