CLÁSICA Xabier Armendáriz
“Sinfonía-protesta”
Sábado, 12 de septiembre de 2026. Sala de la Muralla del Auditorio Baluarte de Pamplona. Dorota Grzeskowiak, soprano. Sergio Eslava, saxofones. Javier Pelegrín, percusión. David Johnstone, violonchelo. Pablo Arricibita, guitarra eléctrica. Sergio Sánchez, electrónica. David Cantalejo: ColapSOS, (2026, estreno absoluto). David Johnstone: Nunca los niños. El dolor del pueblo (2026, estreno absoluto). Ignacio Fernández Galindo: GAZA/Zéjel) (2026, estreno absoluto). Yolanda Campos: Badhra / Semilla, (2026, estreno absoluto). Concierto inscrito en el Festival NAK 2026.
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A lo largo de las once ediciones del Festival NAK, el concierto que incluye las obras de los compositores que estaban en cada momento al cargo de su organización ha ido cambiando significativamente. En principio, esa cita era una sucesión de obras que, sobre cierto tema dado, se presentaban unas al lado de otras. El evento correspondiente permitía así percibir con claridad los estilos individuales de cada compositor, que además presentaba en algún momento de la sesión sus ideas al público de manera directa.
El resultado era, pues, similar al formato del actual concierto que cada año el Festival NAK organiza con los egresados de Composición del Conservatorio Superior de Navarra, preparados por Joseba Torre.
Han pasado los años y el formato del concierto de los miembros del Centro de Música Contemporánea Garaikideak ha cambiado. En estos últimos años, en efecto, sigue existiendo un tema común para cada edición, pero las aspiraciones del espectáculo son ahora mucho más amplias. Parece claro que en los últimos tiempos se persigue como objetivo del evento conseguir un espectáculo plenamente unificado, un discurso coherente que funcione de manera fluida y unitaria, más allá de los estilos compositivos de cada uno de los autores.
El hecho de que en cada edición exista un artista invitado que aporte material de base para todas las obras en programa incide en esta búsqueda de la unidad, que además facilita una transición más fluida entre una obra y otra que evita en principio los aplausos del público. En el concierto que nos ocupa, y en sintonía plena con el título de Utopía, los compositores de Garaikideak han planteado una especie de sinfonía-protesta que denuncia el tratamiento que Israel está dispensando al pueblo palestino, no sólo en la actualidad sino desde su fundación. Las cuatro obras tienen como base un montaje electrónico de Sergio Sánchez. Su aportación ofrece un punto de partida sólido, con momentos de gran fuerza telúrica muy cargados de frecuencias graves.
A partir de ahí, cada compositor ofreció una propuesta con pocas diferencias de estilo compositivo; en ocasiones, cada obra podía distinguirse sobre todo por las variaciones de orgánico. Quizá lo más destacado de la sesión fue la aportación de David Johnstone, por su imaginativa escritura vocal y la coherencia del concepto general.
Interpretativamente, el plantel de músicos reunidos siguió alcanzando el altísimo nivel habitual de las propuestas de Garaikideak. Es este uno de los principales activos del festival: el hecho de poder contar con un conjunto de músicos muy comprometidos y dispuestos a explorar cada obra a fondo.
Quizá la mayor sorpresa en esta edición fue la actuación de Dorota Grzeskowiak, no tanto por la calidad que demostró, ya más que acreditada por ediciones anteriores, sino porque en un momento concreto pareció imitar de forma exacta el timbre del theremin, el célebre instrumento electroacústico que a su vez pretende imitar el vibrato de la voz humana.
En conjunto, más que una suma de propuestas individuales, asistimos a una creación colectiva, un espectáculo inmersivo que fue mucho más allá del componente musical.

Dorota Grzeskowiak

