Beethoven Rudolf Buchbinder Salzburgo 07/08/2014

Con temperamento beethoveniano

 

Viernes, 8 de Agosto de 2014. Gran Sala del Mozarteum de Salzburgo. Rudolf Buchbinder, piano. Ludwig van Beethoven: Sonata para piano número 3 en Do mayor, Op. 2 número 3, (1795). Sonata para piano número 19 en Sol menor, Op. 49 número 1, (publ. 1805). Sonata para piano número 26 en Mi bemol mayor, Op. 81 A, (El Adiós), (1810). Sonata para piano número 7 en Re mayor, Op. 10 número 3, (1797). Sonata para piano número 28 en La mayor, Op. 101, (1816). Concierto inscrito en el Festival de Salzburgo 2014.

 

Hay gestas entre los intérpretes clásicos que, si no fuera porque algunos las acometen de vez en cuando, parecerían difíciles de creer. Poder interpretar todo el canon de Wagner en poco más de una semana es una de ellas, como también lo es acercarse en ese mismo período a los ciclos sinfónicos de Schumann y Brahms de manera simultánea, como va a hacer Simon Rattle con la Filarmónica de Berlín el mes próximo. No obstante, hay un ciclo especialmente complejo que muy pocos intérpretes se atreven a afrontar. Las sonatas para piano de Ludwig van Beethoven son obras de una riqueza extraordinaria, que nos llevan desde el Beethoven más clásico, imitador de Haydn y Mozart, hasta el compositor más experimentador y rupturista de su período final.

El Festival de Salzburgo ha confiado este año al pianista austríaco Rudolf Buchbinder el reto de realizar las 32 sonatas para piano de Beethoven en un período de apenas diecisiete días. Es un reto de una dificultad extraordinaria, potenciada por el evento en el que se celebra, (el Festival de Salzburgo), y también por el hecho de que presumiblemente el ciclo será grabado en DVD, como tal vez puede deducirse de la presencia de cámaras grabando el concierto que nos ocupa. Al menos, el pianista austríaco se ha “facilitado” en parte la tarea a sí mismo y al público, al no respetar el orden de composición o publicación de las sonatas. Ha conformado ocho programas muy variados, en los que se mezclan composiciones de mayor o (relativamente) menor complejidad técnica y expresiva, y los ha presentado ante un público en general conocedor pero bien dispuesto.

Las armas de Buchbinder para afrontar una empresa de este calibre son muchas y variadas. Todo empieza con una técnica extraordinaria, que le permite afrontar las obras sin esfuerzo aparente. A eso hay que añadir muchos años de experiencia interpretándolas por todo el mundo, lo que le ha dado al pianista austríaco un conocimiento y un rigor académico al alcance de pocos intérpretes. Ahora bien: como es inevitable teniendo en cuenta las condiciones en que se realiza este ciclo, el resultado refleja un Beethoven en cierta manera unilateral. Los cambios de humor, la pasión desbordada y el dramatismo siempre estuvieron presentes en las interpretaciones de Buchbinder, pero Beethoven es mucho más que eso.

Un ejemplo característico del Beethoven que hoy ofrece el pianista austríaco fue su interpretación de la Sonatanúmero 26. Un primer movimiento de fuerte carga emotiva y pasional dio paso a un tiempo lento poco meditativo y tomado a un tempo quizá demasiado rápido, cerrándose la sonata con un Finale impetuoso y decidido. La excepción a este tipo de acercamiento fue la Sonatanúmero 28, toda ella realizada con gran concentración, incluyendo un tiempo lento adecuadamente filosófico.

Queda por comentar la curiosa elección de las propinas. Al final del concierto que nos ocupa, Buchbinder interpretó dos movimientos de otras sonatas como piezas fuera de programa. Curiosamente, no optó por ningún movimiento especialmente conocido, (cualquiera de las sonatas números 8 o 14, el Minueto de la número 20, el Finale de la número 23), sino que prefirió tocar movimientos menos conocidos, como el Finale de la número 22. Fueron interpretaciones deliciosas y consiguieron un importante éxito de público, en lo que demostró ser una elección muy inteligente por parte de Buchbinder.

En conjunto, podemos suponer que si todos los conciertos de este ciclo alcanzan el nivel de este concierto y este ciclo se publicara en DVD, sería una alternativa digna de ser conocida. No refleja todas las caras de lo que son las sonatas de Beethoven, (es prácticamente imposible que un solo pianista logre esto, y sólo Barenboim en su ciclo más reciente se ha acercado), pero sí da la medida de la energía y el vigor que asociamos con el temperamento beethoveniano.

 

  

Autor entrada: Xabier Armendariz

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