Bach Café Zimermann 11/09/2015

Asentamiento

 

Viernes, 11 de Septiembre de 2015. Iglesia de San Miguel de Estella. Café Zimermann. Johann Sebastian Bach: Concierto de Brandemburgo número 3 en Sol mayor, BWV 1048, (1721). Concierto para clave, cuerdas y continuo en Re menor, BWV 1052, (1738). Concierto para violín, cuerda y continuo en La menor, BWV 1041, (1717). Concierto de Brandemburgo número 5 en Re mayor, BWV 1050, (1721). Concierto para dos violines, cuerda y continuo en Re menor, BWV 1043, (1717). Concierto inscrito en la Semana de Música Antigua de Estella 2015.

 

La irrupción de Café Zimermann en la escena musical a comienzos de los años 2000 fue recibida con polémica. Establecidos en una solidísima formación técnica y confiando en su propio instinto musical, el conjunto sorprendió al mundo con un Bach juvenil y fresco que, aunque ya había tenido un importante precedente en Reinhard Goebel, sonaba a muchos como una experiencia nueva. Otros, sin embargo, entendíamos que tanta obsesión por el vigor y la energía no favorecía la profundidad de concepto en los movimientos lentos y que, además, en los movimientos rápidos había cierta falta de claridad que, en un compositor tan transparente como Bach, no parecía procedente.

Pasados los años, Café Zimermann se presentaba en la Semana de Música Antigua de Estella, y en el concierto que nos ocupa demostró que su concepción de estas obras ha cambiado sustancialmente. Las interpretaciones escuchadas en Estella fueron relativamente mesuradas de tempo en los movimientos rápidos y mostraron un Bach mucho más asentado y fiel a la tradición. El equilibrio de planos sonoros y la percepción de cada una de las voces fue muy lograda, como lo fue el trabajo camerístico de un grupo de músicos que han tocado juntos infinidad de veces y se conocen a la perfección. Esta nueva mesura le sienta mejor a la música de Bach, aunque creemos que Café Zimermann podría pulir detalles importantes.

Así, en el primer movimiento del Concierto de Brandemburgo número 3 con el que se abrió el concierto, se echó de menos un tempo más constante y presente. Esto se repitió en otros momentos puntuales de los demás conciertos, en los que parecía que la menor urgencia del tempo llevaba a una relativa relajación de los intérpretes, algo que habría sido impensable en este conjunto hace algunos años. De igual manera, los movimientos lentos se siguieron interpretando con relativa distancia expresiva, a tempi proporcionalmente demasiado rápidos.

No obstante lo anterior, tampoco se percibía rutina en estas nuevas versiones de Café Zimermann. Ello fue debido sobre todo a la poderosa personalidad de Céline Frisch, la clavecinista del conjunto, que imprimió imaginación y fantasía en las ornamentaciones. Por eso, los dos conciertos en los que el clave adquiría una relevancia especial fueron los más logrados de la sesión. En particular, fue un placer extraordinario escuchar la cadencia del Concierto de Brandemburgo número 5, a la que le faltó la distinción que otros intérpretes distinguidos han imprimido a la página pero en la que se agradeció la espontaneidad en el manejo del tempo. También el tercer movimiento de la obra fue una muestra de energía y vigor bien entendidos.

Al final del concierto, los aplausos del público fueron largos y entusiastas, y Café Zimermann correspondió con el primer movimiento de un concierto de Vivaldi, que fue interpretado con el arrojo y la presteza que antes les caracterizaban. Hay que reconocer que en Vivaldi este acercamiento resulta mucho más adecuado, y así lo entendió el público que premió igualmente la interpretación. Pero por lo que respecta a Bach, creemos que Café Zimermann está en proceso de asentamiento, e incluso de acomodación en estas obras inmortales. Confiamos en que profundicen en la magia de los movimientos lentos y no pierdan la chispa que los dio a conocer en su día.

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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