«ASCETISMO» CON CORAL CÁMARA PAMPLONA Y O.S.N. EN BALUARTE

Clásica Xabier Armendáriz

“Ascetismo”

Jueves, 27 de febrero de 2025. Auditorio Baluarte de Pamplona. Andrea Jiménez, soprano. Leticia Vergara, contralto. Guillén Munguía, tenor. Iosu Yeregui, barítono. Agrupación Coral de Cámara de Pamplona. David Gálvez, director del coro. Orquesta Sinfónica de Navarra. Perry So, director. Fernando Remacha: Jesucristo en la Cruz (1963). Anton Bruckner: Sinfonía número 6 en La mayor, WAB 106 (1881). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Navarra 2024-2025.

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La historia es bien conocida. Durante la Segunda República, el compositor tudelano Fernando Remacha había sido uno de los principales dinamizadores de la vida cultural madrileña, mostrando en sus obras un estilo neoclásico reconocible heredero del Stravinsky más reciente y de Gianfrancesco Malipiero, compositor que había sido su maestro en su estancia italiana.

No había sido uno de los autores más significados en la defensa de la República, pero tras la Guerra Civil tuvo que escapar y retirarse a Tudela para regentar la ferretería familiar, en lo que se ha considerado un ejemplo característico de “exilio interior”.

Años después, Fernando Remacha volvió a la esfera pública, pues se le encargó la puesta en marcha del Conservatorio Pablo Sarasate de Pamplona y una nueva musicalización del material litúrgico de las Vísperas de San Fermín, cuyo Magnificat se alterna desde hace años con el de Mariano García en la ceremonia del día 6 de Julio en la Iglesia de San Lorenzo de Pamplona.

Pero la obra que resituó a Fernando Remacha en el panorama musical español de postguerra fue Jesucristo en la Cruz, escrita para un concurso de composición organizado por la Semana de Música Religiosa de Cuenca en 1963. Hablamos de una meditación en torno a textos relativos a la crucifixión recopilados en el Cancionero Musical de Palacio junto con otros poemas de espíritu completamente diferente y músicas también de finales del siglo XV, incluyendo las célebres obras de Juan del Encina.

Son textos de profunda gravedad y gran calidad literaria, que Remacha musicaliza con especial rigor. Las notas al programa de Mar García Goñi enfatizan la vertiente más neoclásica del estilo de Remacha, pero también se observa un carácter expresionista evidente, que liga al compositor con el estilo de Arnold Schönberg y Anton Webern.

Fue esa vena vanguardista la que acentuó Perry So, en una interpretación afilada y de tempi generalmente rápidos, que resultaron en muchos momentos ideales considerando la relativa escasez de la fuerza coral utilizada. La Agrupación Coral de Cámara de Pamplona ofreció un trabajo muy disciplinado y de calidad, con un sonido muy bien empastado y gran disciplina e intención en todo momento.

Los solistas vocales tienen una labor muy compleja, pues deben lidiar con una escritura vocal muy exigente y, a la vez, integrarse en la textura coral; por lo tanto, no se buscan cantantes de ópera, e idealmente se necesitarían solistas de coro de especial eficacia para llevar a cabo el empeño de forma exacta. En ese sentido, Leticia Vergara y Guillén Munguía fueron quienes mejor cumplieron con lo que la obra exige, ofreciendo actuaciones muy destacadas. Afortunadamente, al final de la obra el público respetó el silencio que la ocasión pide, pero harán falta más audiciones de la partitura para que la mayor parte de los espectadores puedan apreciarla en todo su valor.

Ya en la segunda parte, se escuchó la Sexta Sinfonía de Anton Bruckner, la sinfonía menos característica y más “asilvestrada” (expresión del propio autor) de su período maduro. Era una combinación ideal, porque la obra de Bruckner mantenía el carácter transcendente del concierto sin apartar la atención de la obra de Remacha.

Perry So ofreció una interpretación bien calibrada de esta obra difícil, salvando los problemas de coherencia entre las principales secciones del primer movimiento y reservando buena parte de su atención para el solemne movimiento lento, uno de los Adagios más hermosos del Bruckner maduro.

En conjunto, fue un concierto marcado por el ascetismo y la sensibilidad sin compromisos de dos compositores que trabajaron por la música durante toda su vida y, con frecuencia, sin alcanzar en vida entre el gran público el reconocimiento debido.

Autor entrada: xabier armendariz

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