Akiko Suwanai Ernest Martínez-Izquierdo Sibelius Tchaikovsky 27/09/2013

Vuelta a casa

 

Viernes, 27 de Septiembre de 2013. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Akiko Suwanai, violín. Orquesta Sinfónica de Navarra. Ernest Martínez-Izquierdo, director. Jean Sibelius: Concierto para violín y orquesta en Re menor, Op. 47, (1905). Piotr Illyich Tchaikovsky: Sinfonía número 1 en Sol menor, Op. 13, (Sueños de invierno), (1868). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Navarra 2013-2014.

 

Aún está vivo en el recuerdo del público pamplonés el concierto de despedida de Ernest Martínez-Izquierdo como titular de la Orquesta Sinfónica de Navarra, y ya hemos asistido a su vuelta al podio como director invitado. Lo ha hecho en una semana muy intensa. El lunes la orquesta se unía a la movilización, en paralelo con los demás conjuntos sinfónicos españoles, en protesta por los recortes y la subida del IVA cultural. Ayer conocíamos el anuncio sorpresivo de la marcha de Florentino Briones de la gerencia de la institución. Son hechos que podían haber incidido en la marcha del concierto, pero en la velada que nos ocupa no hubo distracciones. La orquesta tocó a su mejor nivel, y Ernest Martínez-Izquierdo mostró sus cualidades en un repertorio que le interesa especialmente.

Es bien conocida la afinidad de Martínez-Izquierdo con el repertorio finlandés. La fina bruma de la música de Sibelius y  sus timbres ocres siempre han encontrado su eco en la batuta del director barcelonés, y esta vez no ha sido excepción. El tiempo más bien lento del primer movimiento, la incisividad de la interpretación y, en particular, el énfasis en el aire de danza del Finale resultaron muy adecuados. Pero este concierto necesita también un solista de gran virtuosismo técnico y, por encima de todo en esta versión revisada, extraordinaria capacidad expresiva. En ese sentido, la protagonista indiscutible fue Akiko Suwanai, que realizó una interpretación sobresaliente de la obra. El sonido delicado y a la vez penetrante, el fraseo de una naturalidad extraordinaria y un dominio técnico enorme fueron las principales señas de identidad de una interpretación magnífica, que fue muy premiada por el público con toda razón. De propina, la solista japonesa interpretó un fragmento de una obra para violín solo de Bach, sin concesiones historicistas y con expresividad marcadamente melancólica.

La Primera Sinfonía de Tchaikovsky no es una obra de grandes gestos, sino una sinfonía amable, llena de las melodías líricas que tanto admiramos en las composiciones del autor ruso. Ernest Martínez-Izquierdo no pretendió descubrir ningún sentido oculto de la obra y ofreció una interpretación muy bien medida, de tempi fluidos y fraseo natural. No desdeñó los contrastes ni el dramatismo, pero tampoco se perdió en ellos y supo dar a la sinfonía un sentido unitario. Lo mejor fue el segundo movimiento, fraseado con muy buen sentido cantábile y con gran atención al empaste orquestal, llegándose a escuchar las respiraciones de los músicos en determinadas entradas. El Finale es de por sí bastante ruidoso, y Martínez-Izqierdo no pudo evitar que resultara un tanto superficial, pero en conjunto la interpretación mostró  oficio y buen hacer.

En conjunto, fue un concierto de indudable interés, por la vuelta de Ernest Martínez-Izquierdo al podio de la orquesta, pero sobre todo por la presencia de una magnífica violinista, Akiko Suwanai, que realizó una interpretación colosal del concierto de Sibelius con un director inspirado. El mejor bálsamo para relajarse después de una semana de tensión.

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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